Marco Etcheverry: un diablo con el balón

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Como en muchos países del mundo, en Bolivia el fútbol es el deporte más popular. Sin embargo, su selección no ha podido lograr muchos grandes resultados. Hasta la década de 1990, solo había participado en dos Copas del Mundo (1930 y 1950)… y por invitación. Su único logro había sido la conquista del Campeonato Sudamericano de 1963, disputado en sus tierras.

Escribe: Víctor Liza Jaramillo

El emblema de esa única estrella era Víctor Agustín Ugarte, que hasta los años 80 era considerado el mejor futbolista boliviano de la historia. Sin embargo, desde los infiernos aparecería otro para sustituirlo: Marco Antonio Etcheverry Vargas. Si en Argentina estaba Maradona como “Dios”, en Bolivia tenían al “diablo”. Y así, gracias a su endemoniado juego, fue como lo apodaron.

Nacido en Santa Cruz de la Sierra en 1970, desde pequeño Etcheverry deslumbraría por su talento innato con el balón, superior al promedio. Formado en la Academia Tahuichi Aguilera, fundada en 1978, el “Diablo” fue parte de la Selección boliviana Sub-16 que jugó el primer campeonato de la categoría (hoy Sub-17) en China, en 1985. Un año después, Etcheverry deslumbró a todos en el Campeonato Sudamericano Sub-16 que se jugó en el Estadio Nacional de Lima, en el que se consagró campeón y además goleador del torneo. Con eso, se clasificó otra vez a la Copa del Mundo de la categoría, esta vez en Canadá (1987).

Esa generación, con Etcheverry a la cabeza de futbolistas como Luis Cristaldo y Erwin ‘Platini’ Sánchez, y acompañada de experimentados como Milton Melgar (quien se dio el lujo de defender las camisetas de Boca y River), comenzaría a prepararse para clasificar por primera vez a una Copa del Mundo de mayores por la vía de las eliminatorias.

Antes de eso y luego de su triunfal aparición con los juveniles de su país, Etcheverry haría sus pininos en el fútbol profesional. En Destroyers de su ciudad natal jugó entre 1986 y 1989; y entre 1990 y 1991 lo hizo en Bolívar de La Paz, siendo campeón boliviano en ese último año. Su talento lo llevó al Albacete, en ese entonces en la primera división española (1991-92), y luego recaló en el Colo Colo, con el que salió campeón chileno en 1993.

Ese año sería el más glorioso de su carrera y de la historia del fútbol boliviano. Junto a futbolistas como Melgar, Sánchez, Cristaldo, Castillo, Ramallo, Baldivieso y compañía, construyeron la primera clasificación directa de su selección a un mundial, el de Estados Unidos 1994. Inolvidable es su primer gol ante Brasil, equipo que hasta ese equipo nunca había sido vencido en una eliminatoria hasta entonces: jugada del “Diablo” por izquierda, desborde hasta la línea de meta y de allí un derechazo por delante de su marcador que se cruzó entre las piernas de Claudio Taffarel. Etcheverry marcó un gol más ante Uruguay y dos ante Venezuela —todos en La Paz—, y sería uno de los artífices de la gran hazaña.

En la Copa del Mundo en tierras estadounidenses, el “Diablo” no tuvo una participación feliz junto a su Selección, que fue eliminada en primera fase. Etcheverry no llegaba bien producto de una lesión, así que el técnico español Xabier Azkargorta decidió hacerlo entrar recién al minuto 79. Doscientos cuarenta segundos después, Etcheverry se fue a las duchas luego de responder a una provocación del alemán Lothar Matthaus. El juez mexicano Arturo Brizio Carter, además, hizo un informe lapidario, que marginó al volante de los dos partidos que le quedaban a Bolivia, que al final no pasó a la siguiente etapa.

Etcheverry y su choque con el capitán alemán Matthaus.

Pese a ese trago amargo, Estados Unidos le tendría preparada su mejor época como futbolista. Tras un breve paso por el América de Cali en 1995, Etcheverry fue contratado por el DC United al año siguiente. Con el equipo de Washington, el “Diablo” salió campeón de la Major League Soccer (MLS) en 1996, 1997 y 1999; y además fue campeón de la Copa de Campeones de la Concacaf y de la Copa Interamericana en 1998. Ese mismo año fue declarado “el jugador más valioso de la MLS”. Estados Unidos, un país poco futbolero, le permitió tener su revancha. Permaneció allí hasta 2003.

Tuvo algunos retornos breves a América del Sur, jugando a préstamo en Ecuador por Barcelona (1997) y Emelec (1998); y en Bolivia por Oriente Petrolero (2001). En su país se retiró siendo parte del Bolívar, en 2004.

En la Selección, el “Diablo” ya no pudo reeditar el éxito de 1993. Participó en las eliminatorias de 1998 y 2002, sin poder impedir que Bolivia quede rezagada de la clasificación. Sin embargo, fue parte del subcampeonato como anfitrión de la Copa América, disputada en 1997, cuando Bolivia esta vez no pudo en la final ante un Brasil lleno de monstruos como Romario, Ronaldo, Rivaldo, Dunga, Roberto Carlos, entre otros.

Ya retirado del fútbol, Etcheverry fue distinguido por la Cámara de Diputados de su país como “Ciudadano Meritorio”. Luego, tuvo un breve paso por la dirección técnica, haciéndose cargo del Aucas de Ecuador en 2009; y ese mismo año pasó a dirigir el Oriente Petrolero hasta 2011.

El fútbol boliviano no ha vuelto alcanzar el nivel de sus éxitos de los años 90. Y tampoco ha vuelto a tener un futbolista con la magia de Etcheverry. Quizá la Academia Tahuichi Aguilera deba poner otra vez en marcha su maquinaria, para volver a producir cracks como el “Diablo”, que le den alegrías al altiplano como en esos años. Que así sea.

VIDEO: Etcheverry liquida a Brasil.

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Texto e imágenes de: Plaza Tomada
@ Marco Etcheverry: un diablo con el balón

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