LA NUEVA VIDA RETIRADA DE CROMWELL GÁLVEZ

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Visto de cerca, Cromwell Gálvez no es tan feo como decían los tabloides. Bueno, tampoco es que sea muy guapo. El labio superior arqueado hacia arriba le da un aire inocente. Tras escucharlo unos minutos llega, incluso, a ser un tipo encantador. Que en verdad no necesitaba desfalcar cerca de dos millones de dólares de un banco, durante cinco años,  para levantarse a las vedettes más anheladas de la farándula doméstica. Tiene floro, el secreto del éxito, y también, si se abusa, del fracaso.

Escribe: Eduardo Abusada Franco

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Quedamos en vernos en Plaza San Miguel. “Cholito, estoy yendo, hay mucho tráfico”, me dice por el celular mientras lo espero. Recuerdo bien su cara de la tele, de las páginas webs, cuando era archifamoso, cuando un video en el que aparece desnudo en pleno ménage à trois con la otrora celebérrima ‘mujer boa’ hizo delirar de felicidad a los editores de las páginas rosas de los diarios. Llegó. Nadie se le acerca ahora. Ya no es el conocido ‘cholo de las vedettes’. Ya no es esa cara popular que despertaba indignación, risas, y, también, envidia y admiración. Las cosas claras, porque Cromwell hizo solo la obra de una cuadrilla de playboys. El hombre despertó pasiones. A su manera se hizo un Robin Hood: le robó a un banco para darle el botín a mujeres pobres, tan pobres que apenas tenían lentejuelas y plumas para cubrir sus nalgas. Cromwell fue el arquetipo del limeño “pendejo”. Y en una Lima pacata, que se escandaliza porque en la televisión hay muchos “maricas”, pero se hace de la vista gorda cuando desaparecen lagunas y comunidades en el interior porque eso es de “indios”, Cromwell, el cholo dizque feo, fue francamente la liberación de una generación arrecha. Héroe de los que no copulan y de los que también, pero gastan de la suya. Disciplinado empleado bancario de día; de noche, incuestionable soberano de mujeres inalcanzables para la mayoría.  ¡Larga vida a Cromwell!

Allí estaba ahora el rey despojado de su corona. Simple. Elemental. Mucho más flaco a como lo recordaba en el video del escándalo. Ya han pasado casi siete años desde que salió del pabellón 1-A (ojo: de calidad, digno de un rey) del penal San Jorge. “Estuve detenido casi 3 años: 33 meses y 3 días exactamente”, me dice. Cromwell siempre calcula, es un tipo numérico en muchos sentidos. Su padre también era un “maniático con los cálculos”, como él mismo dice. Es más, Gálvez proviene de una familia de banqueros: es hijo de un exgerente de operaciones del Banco Industrial, su hermana menor trabaja en el Banco Nacional de Canadá y su hermano es jefe de sistemas de Interbank. Dentro de esta tradición, Cromwell, con 21 años, empezó a trabajar en el Banco Continental, aunque no acabó la carrera de ingeniería industrial. Aprendió todo en la cancha, con su innata habilidad para las ciencias exactas, las matemáticas, y las capacitaciones que le daba el Banco. Se burla un poco de los chiquillos que llegan ahora con su ruma de cartones y maestrías. “Entré al Banco para poder mantener a mi hijo. Comencé como cajero. En la parte operacional, la experiencia es más que un cartón. Me sabía hacer todos los puestos. Adentro me enseñaron técnica en contabilidad, llevé varios cursos.  Ahora ya ha cambiado el tema y piden carreras, maestrías; pero, a ver, que se vaya la luz y los pongas a calcular un interés bancario con lápiz y papel… están en luna de Paita”, nos dice.

Pese a todo, tras haber pisado “cana”, aún tiene problemas para sacar una tarjeta de crédito, pero Cromwell lo desmiente en parte: “Eso es mentira. Eso fue cuando recién salí. Tuve problemas con Saga. No me quisieron renovar mi tarjeta. El pata, chiquillo pues, me dice ‘usted está en Infocorp’. Le dije ‘discúlpame, pero no estoy pidiendo una tarjeta nueva, estoy pidiendo una renovación y encima me estás cobrando un seguro de una tarjeta que ya se me venció’. No me quisieron dar. Ahorita tengo tarjeta débito del Banco de Crédito nomás. El Interbank sí no me quiso abrir una cuenta hace dos años. Me dijeron ‘que se cayó el sistema’. Yo me reí nomás”.

UN CALCULADOR EN TIEMPOS NUEVOS

A Cromwell no le gusta estar desocupado. Si no está trabajando, calculando o jugando fulbito (está disputando un campeonato de interligas distritales), está estudiando algo. En la cárcel, a través del Instituto Simón Bolívar, aprendió trabajos en yute, electricidad, joyería y computación. Fue delegado general de su pabellón, presidente de fiscalización y delegado de economía. Vendía aros de plata en 25 soles. “No me gusta tener tiempo muerto. Tengo que utilizarlo en algo útil. Si no empiezas a pensar. Además, en las tardes, todos los días hacíamos deporte en penal”, recuerda. Esta semana tiene ‘pichanga’ en San Miguel con sus amigos de la cebichería El Rubio. Siempre lo llaman. Admira a Iniesta. Seguramente por su juego cerebral y calculador, como nuestro exbanquero. Es hincha de la “U”. Le recuerdo que una encuesta de CPI revela que Alianza tiene más hinchas que la “U”. “Eso depende de en qué sector la han hecho. Es relativo eso de las encuestas”, me replica. Calcula, una vez más. Sabe de estadísticas.

Al salir de prisión, con 36 años, le fue difícil ubicarse laboralmente. Su cara aún era recordada. Sobre todo su nombre, Cromwell, casi cinematográfico, recuerda a la historia británica por el otro, Oliverio. Sin embargo, a él se lo pusieron en honor a un médico de la familia cuyo nombre le gustaba al abuelo. Cromwell, el hombre que desfalcó sin banda a un banco. Nombre difícil de olvidar. Así que, habiendo pocas posibilidades laborales, siguió estudiando. En IDAT se hizo especialista en ensamblaje de computadoras y ofimática (sistemas electrónicos para oficinas).

Al inicio estuvo trabajando en el estudio de su abogado Jaime Pastor, haciendo escritos y cosas menudas. Le ofrecieron hacer una serie de tv. Dice que ya está el piloto, pero que todo quedó en stand by. También le dijeron para hacer un libro, pero Cromwell no se siente particularmente orgulloso de lo que hizo. “Quiero sacar un libro pero sobre el tema de bancos, sobre los candados de seguridad. Sería un libro para ver cómo se evade y cómo se puede evitar esa vulnerabilidad”, habla la voz de la experiencia.

A pesar de lo ensombrecedor de su fama, Cromwell ha vuelto a lo suyo, asesorías financieras: “Hay gente, por ejemplo, que quiere solicitar un crédito y no sabe cómo. Entonces, yo los ayudo a crear el expediente, y me pagan 50 soles, 100 soles, dependiendo la dificultad de los papeles. Como tengo amistades, me ayudaban también a ver si están en Infocorp. También hay gente que no puede pagar sus créditos, y los enseño a hacer la carta de intención de pago o se las hago. Por eso cobro 30 soles”. Para ello, el exfuncionario bancario se anuncia en Facebook. Su cuenta se puede ubicar simplemente buscando a “Cromwell Gálvez” tal cual, donde tiene más de 3 mil amigos.

También hace de profesor de matemáticas a 20 soles la hora, aunque ahora la he dejado la posta de eso a su hijo que estudia ingeniería informática. Y para que no le quede nada de tiempo muerto, desarrolla también con su hijo y un búlgaro, excompañero de prisión, un portal de noticias llamado A1. Pero el peso de su nombre relacionado al sexo no podía hacerse esperar en dicha página web: “Aparte tiene una página de adultos. Pero hemos visto con mi hijo que no conviene que dentro del portal esté la página de adultos, que no podría haber publicidad. Eso fue idea del búlgaro. Hay también una página de scorts (servicios sexuales). Mi pata me dice que haga ‘comentarios’ (en la página), pero no voy a estar en eso”.

Por si le faltase chamba, en más de una ocasión lo han invitado para ir al programa El Valor de la Verdad, a contarlo todo, o “echar” a todos. Pero, él, hombre de honor al fin y al cabo, ha rechazado el ofrecimiento.

¿Disculpa, Cromwell –le pregunto−, pero los clientes no tienen miedo con tus antecedentes de que los estafes? “Yo cometí el error con el banco, no con ningún cliente. El banco nunca pierde, hace sus jugadas. En la compraventa cuánta plata sacará”, responde como quien quiere liberarse de una culpa. Sin embargo, tampoco es que haga gala de lo cometido, sabe que cometió un error: “Yo comencé a meterme en ese tema como un juego y después ya no sabía cómo salir. El costo social hacia mi persona ha sido muy grande. Hice agachar la cabeza a mi familia. Mis padres un poco que decían ‘¿por qué?’, si yo ganaba bien y no necesitaba hacerlo. Mi padre ya tiene 69 años. No hemos vuelto a hablar del tema. Tratamos de evitarlo”.

Sí, hay cosas de las que se arrepiente. Desde luego, también del vergonzante y pícaro video: “Cuando veo ese video me siento mal. Yo he mandado a que lo anulen, pero después lo vuelven a subir, otra vez mando, y es una cantaleta de la patada. Lamentablemente, por la adicción al poder no me puse a pensar, no analicé las consecuencias que podían causar. El dinero, lamentablemente, te vuelve un adicto al poder.  Son errores que al final te cuestan, y en esta sociedad que es hipócrita es aun peor”

¿LAS MUJERES?

Por supuesto que hablamos de ello. Pero esto fue una conversación entre caballeros, y los caballeros no tienen memoria. Solo podemos dar fe de que Rubí Berrocal lo amó sinceramente, que él mismo le pidió que deje de visitarlo cuando ya estuvo preso y caído en desgracia para no “malograrle la vida”; que actualmente tiene pareja; que Martha Chuquipiondo, la ‘mujer boa’, la que más dinero le pidió (224 mil dólares) y que acabó también presa, sigue siendo su amiga y aún se ven, al igual que con Rubí y Lucy Bacigalupo. Se ven como amigos, pues lo fueron. No como otras y otros que también le pidieron préstamos. Porque no solo fueron de vedettes, había empresarios, hermosas azafatas de avión que también se le regalaban –incluso más bellas que las bailarinas de los escándalos−, clientes del banco y otros, a las que el cajero daba “créditos paralelos” y les “subía la comisión a los empresarios para cubrir lo de ellas”. Unos 54 implicados, pero la prensa reventó el asunto por el lado de las vedettes.

Será por ello, por su lealtad, que el buen Cromwell aún las respeta, a las de su tiempo: “Ahora, compadre, son poquísimas las chicas que tienen un tema más feeling. Pero todas al final quieren su billetito, al menos las mocosas. A las actuales vedettes les gusta más el escándalo. Viven de eso”.

NOTA: Esta crónica fue escrita en 2014 en la desaparecida revista Velaverde.

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Texto e imágenes de: Plaza Tomada
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