“Mejor un hijo muerto a un hijo gay”

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Se llama crimen de odio a aquel delito violento – asesinato, lesiones, etc – cuya ferocidad o motivación se explica en los prejuicios del criminal frente al grupo al que pertenece la víctima. Puede basarse en prejuicios por raza, por religión, por orientación sexual, por nacionalidad, por identidad de género, etc.

El 2019 se inicia con un doloroso ejemplo: Un adolescente gay es asesinado por su padre en San Martín luego de decirle su orientación sexual.

El padre rezó antes de matarlo.

¿Cuánto odio puede tener un corazón para preferir un hijo muerto a un hijo gay? Mucho. Y ese odio no llega ahí espontáneamente: Ese odio es alimentado en las escuelas cuando hay bullying homofóbico que queda impune, por pastores evangélicos fanáticos que pueden decir lo que quieran en un púlpito sin que les pase nada, por programas de televisión que ridiculizan a los gays en nombre del “humor”, por comentarios en redes sociales llenos de aversión hacia la diversidad sexual, por políticos que se burlan de los crímenes de odio y los derechos de la comunidad LGBT.

En general, ese odio nace y se reproduce por una sociedad que desprecia a todos aquellos que no encajan en sus parámetros de qué es lo masculino y qué es lo femenino. Todo esto en pleno siglo XXI, pese a la abundante información con la que hoy contamos.

Porque, no nos engañemos, esto no se trata de un caso atípico. En el Perú, en los últimos diez años, aproximadamente cien peruanos han perdido la vida por su orientación sexual o identidad de género. Y un número mucho mayor han sido golpeados, torturados o discriminados. Todo ello con cifras recogidas por la sociedad civil, pues hasta hoy el Estado peruano no tiene data oficial sobre estos delitos. Los delitos contra la comunidad LGBT no existen para el Estado.

¿Qué hacer para que estas noticias no se sigan repitiendo? Ya existe en el Perú un decreto legislativo contra los crímenes de odio, el cual impulsamos junto con el congresista Bruce a inicios del año pasado. Pero eso no es suficiente: No basta con castigar el crimen, tenemos que lograr que ese crimen no se produzca. Y por eso es tan importante una educación con enfoque de género, que nos permita valorarnos y reconocernos en nuestras diferencias desde que nos estamos formando como personas.

Salir del closet no debería ser una actividad de alto riesgo. Tenemos que desterrar ese odio desde la raíz, y permitir que todos los ciudadanos puedan desarrollar libremente su personalidad, sin que eso les cueste la vida.

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