Un programa de la televisión de señal abierta está a punto de emitir el programa más discriminatorio del año

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Título original: Por una vez, háganse cargo

Esta noche, si nada lo impide, Latina emitirá un sketch sobre el incidente homofóbico que padeció el ciudadano Antonio Gálvez en el Aeropuerto Jorge Chávez por parte del presentador de la orquesta Zaperoko (y con el silencio y la risa cómplices del resto de la orquesta).

Esta imagen la tomó RPP, el video que circuló con el adelanto del programa, según ese medio, ya no está disponible.

Esta imagen la tomó RPP, el video que circuló con el adelanto del programa, según ese medio, ya no está disponible.

Teniendo en cuenta el historial de Jorge Benavides, cabe esperar que esta sea otra oportunidad perdida para el humor. JB nunca ve en su arte una herramienta para burlarse de los prejuicios, la estupidez o las taras racistas, machistas u homofóbicas de la sociedad (el humor tiene ese poder pero JB lo desconoce).

Al contrario, en los últimos 30 años, ha vivido de alimentar esas taras, e incluso les ha dado nombres, gestos y características (como ocurre con el Negro Mama y la Paisana Jacinta).

En sus sketchs, repetidos durante décadas con mínimas variaciones, nunca pierden el pendejo, el machista o el arrecho, nunca son el centro de la burla, y en cambio esta se dirige casi sin variaciones contra el cholo, el negro, el lorna, las mujeres y, ahora, el amanerado.

Por ese lado, no hay ninguna novedad en el humor de JB: es exactamente el mismo que hemos visto, ejercido o padecido en la escuela y el barrio.

Por lo que se ha visto de la secuencia, lo que se busca en la práctica es REPETIR la escena de acoso contra Antonio Gálvez, como si en sí misma fuera graciosa. Esa repetición innecesaria tiene un nombre: revictimización.

La aeromoza obligada a volver a contar, delante de los congresistas, cómo la tocó Moisés Mamani (¿por qué, si su testimonio ya existía y había pruebas suficientes?) y las mujeres que deben repetir las escenas de violencia que intentan denunciar, muchas veces ante auditorios hostiles, todas ellas son víctimas la primera vez, cuando padecieron la violencia, y luego todas las veces en que fueron obligadas a recordarla, recrearla, repetirla.

La única diferencia entre el humor de la escuela y de la tele es aparte de única, enorme:

al exhibirse en un medio masivo, se dirige a millones de personas, que encuentran allí la validación de su propia actitud violenta como una forma de humor.

¿Cuántas niñas en el Perú, a lo largo de las dos últimas décadas, han crecido haciendo lo posible para no ser llamadas Paisanas Jacintas?

Imagen: PUCP

Imagen: PUCP

Allí está el otro problema. En una carta dirigida a la gerencia de Latina, la asociación civil Más Igualdad ha manifestado su preocupación por la emisión del programa previsto para esta noche, y le ha recordado al canal que una secuencia como esta atenta contra la Constitución y la Ley de Radio y Televisión. No han recibido respuesta.

No deja de ser irónico que el medio en cuestión sea Latina, que aprovechó mediáticamente la aparición de Ni Una Menos para sumarse a esta causa con la campaña “Nos hacemos cargo”, con el que se comprometían no solo a cubrir, acompañar y denunciar los casos de violencia de género, sino también a revisar de manera autocrítica su propio contenido, para extirpar de él los lastres machistas. Dos años después, JB sigue allí, y creo que Carlos Vílchez (quien ha construido su carrera a punta de toqueteos y apretones contra sus compañeras de trabajo) también.

Más allá de las infracciones en las que seguramente caerá con la emisión, esta noche, del programa de JB, habría que recordarle a Latina otra cosa importante:

  • Los chistes y las burlas más comunes contra los homosexuales tienen que ver con sus maneras “femeninas”. Ser gay es no es malo solamente porque implique una orientación sexual “desviada” (el discurso homofóbico es que nadie tiene problemas con los homosexuales “mientras no se les note”); ser gay es malo y, además, es motivo de burla porque implica que los hombres se comporten “como mujeres”, y de acuerdo con esa lógica no hay nada más deshonroso para un hombre que parecerse a una mujer o actuar como una.

El machismo del que “nos hacemos cargo” está allí, en nuestras narices.

Siempre que se habla de humor, en especial del que hace JB, se suele coincidir en que es una mierda, sí, pero lamentablemente ‘no se puede hacer nada para impedir que se transmita’.

Pues eso no es tan cierto

Hace poco, el Poder Judicial de Cusco emitió una resolución que impedía la transmisión de La Paisana Jacinta, bajo el fundamento de que vulnera los derechos humanos. Para entender mejor esta situación, podemos hacer una analogía. Esta semana, la periodista Suiry Sobrino estaba en un paradero cuando desde un camión de Coca-Cola empezaron a silbarla y gritarle “piropos”. Cuando ella, cámara en mano, grabó a los acosadores, estos apenas se atrevieron a enfrentarla. Sabían que lo que habían hecho estaba mal, lo sabían cuando lo hicieron, y hasta donde se tiene información, habían recibido capacitaciones específicas de la compañía para no incurrir en acoso sexual callejero. Lo hicieron igual. Si son expuestos públicamente, si son sancionados o finalmente despedidos por la compañía, ¿es culpa de la periodista que los denunció? ¿Quién si no ellos debía tener en cuenta que son cabezas de familia, trabajadores responsables o personas de bien?

El acoso sexual callejero es una práctica tan común como las burlas homófobas, y todavía hay mucha gente que las defiende como formas de galantería o de inofensivo humor. Bueno: son delitos. Si aún sabiendo lo que son deciden persistir en ellos, al menos háganse cargo.

Texto e imágenes de: Utero
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