España: Real Madrid 3-1 PSG

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Un doblete de Cristiano y un tanto de Marcelo para remontar el gol de Rabiot

Cristiano celebra su segundo gol.Foto: Marca/ Pablo Garcia

Alguien se asomó una vez al fondo del alma del Real Madrid y no supo descifrar el paisaje, confundido con tanto misterio. Los más grandes teólogos, los analistas infalibles y los agoreros más activos, que habían pronosticado más o menos el fin del mundo tras el paso de un ciclón mortal, acabaron también desubicados en un laberinto donde se perdió ayer el PSG, vencedor por anticipado de una eliminatoria sin emoción en la que al equipo de Zidane, rehén de sus miserias domésticas, le habían negado el pan, la sal y hasta la posibilidad de competir en la que llaman su competición, la Champions.

Reapareció el campeón (3-1), el Madrid competitivo e inmortal de la Copa de Europa, el que ha conquistado tras de las últimas cuatro. Con su ficticia resurrección, porque nunca pereció, recuperó la competitividad, la capacidad de remontar, la máxima fiabilidad en el día señalado, la atención a los detalles, pasando por Keylor, sus múltiples registros, cierta dosis de eficacia y el normal desempeño de los que se sienten los mejores en el torneo que les hace tan felices. No hubo mutación con respecto a lo vivido en los últimos tiempos. Las metamorfosis quedan para los libros. El Madrid de la Champions siempre está.

Dejó deprimido al gran PSG porque en esta temporada no está habituado a la derrota. Quizá porque le habían puesto a caminar sobre las aguas. Había llegado bajo palio al Bernabéu avalado por una magnífica trayectoria en la Ligue1 y en la primera fase de la competición. Jugó un buen partido, Neymar se exhibió, dominó gran parte del segundo tiempo, pero terminó encajando tres goles y pensando que todo un proyecto soñado con el talonario puede saltar por los aires. El imperio del euro chocó contra otro imperio, el del gran superviviente de la Copa de Europa. El Madrid es el Madrid, dicen.

Otro deporte. Un espectáculo. Eso fue el primer tiempo, 45 minutos de ida y vuelta, con dos gigantes intercambiándose golpes en una lucha extraordinaria, noble. La pelea entre los dos colosos dejaba al PSG en apariencia con más pólvora, y al Madrid, entregado a un fútbol más elaborado, bien llevado por Isco y Modric. El equipo de Emery no necesita nada para herir a su rival. Apenas cuenta el centro del campo porque Neymar y Mbappe se lo guisan y generalmente Cavani se lo come. Al astro brasileño primero le cosieron a patadas y después casi renunciaron a frenarle. Escurridizo, esquivo, habilidoso, sólo Messi es más desequilibrante. El francés, como se sabía, tiene unas botas de siete leguas. Su zancada equivale a tres del resto de los humanos. En ese sentido, el PSG es muy simple. Le dan la pelota a los buenos y a correr. Como en el cole.

El Madrid respondió bien al desafío de la Champions. Empezó arrinconando al PSG, con Marcelo ejerciendo de delantero, Isco, la gran novedad de Zidane en el once a costa de Bale, en plan protagonista y Cristiano y Benzema punzantes. Cuando el partido se serenó, después de un arranque de alto voltaje, apenas tenía dificultades para llegar a la portería de Areola. En realidad, Madrid y PSG se miraban en el mismo espejo. La bruja les decía que son los más guapos en ataque y los más feos en defensa.

Se pudo observar en la jugada del gol del PSG con una cabalgada de Mbappe y una asistencia de tacón de Neymar para Rabiot. También minutos antes, cuando Ronaldo, después de un pase extraordinario de Marcelo, la estrelló en la cara del portero en el mano a mano. El tanto galo hizo pupa al Madrid, pero el equipo de Zidane reaccionó bien tras el sopapo. Su mandíbula es sólida en Europa. Pudo marcar Benzema, pero se estiró de maravilla Areola. El córner, sacado en corto, dio con Kroos dentro del área. El agarrón de Lo Celso, que tenía tarjeta y no vio la segunda amonestación, se convirtió en penalti. Cristiano metió su décimo gol en esta Champions. El Bernabéu aplaudía al descanso. Por el resultado, por lo visto, por la respuesta de su equipo.

Era muy difícil mantener el nivel en el segundo tiempo. El PSG cambió de registro. Se mostró más mandón y dominador, mucho más autoritario pero algo menos peligroso. Una paradoja para un equipo que como el Madrid en sus buenos tiempos, vive mejor con espacios para correr. El campeón se defendió como pudo, pero sufrió menos que en el primer tiempo, otro contrasentido. Keylor respondió de maravilla en la mejor ocasión del PSG tras otro eslalon de Neymar que no supo culminar bien Mbappé. Y los minutos iban pasando sin que el Madrid, ya con Bale pero también más cansado y partido en dos, se acercara con demasiado peligro. Son conocidos los desplomes del equipo blanco en el segundo periodo. Perdió el mando del encuentro, el control del juego. Desaparecieron Isco y Modric y el PSG se agigantó. Su capacidad para acelerar el juego en los últimos metros es admirable. Es otra velocidad, como la fibra óptica. Les faltó culminar.

Se confirmó después, el Madrid tiene siete vidas. Buscó el gol al contragolpe, sin que eso sea peyorativo en un fútbol dominado por la cultura de la posesión. Es mejor atacar contra cuatro que contra ocho. En una de esas, Bale dio metros a Asensio en un lance trompicado, en la que Ronaldo primero pudo hacer falta a Kimpembe y después marcó con la rodilla, de rechace, como sea. Había aparecido el mallorquín y como siempre algo pasó. Ocurrió que en una jugada que no parecía gran cosa, se la puso a Marcelo para que el brasileño marcara el tercero. 3-1, un tesoro para París. Por arte de magia. El Madrid siempre vuelve o nunca se va. Lo que gusten.

Fuente:  Marca

Texto e imágenes de: Wayra Noticias
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