Editorial: ¿Por qué Sebastián Piñera debería ser Presidente del Perú?

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Hoy que Sebastián Piñera ha ganado las elecciones en Chile, nuevamente miramos con envidia a nuestro hermano del Sur por una razón que no suele mencionarse mucho: La calidad de su élite. En Chile, los partidos conservadores como la UDI y Renovación Nacional provienen de las mismas canteras de su oligarquía empresarial, quienes no se avergüenzan de tomar las riendas políticas del país. Cuando la derecha está fuera del gobierno, los generales de la industria chilena gobiernan Saga, Ripley, Cencosud o Codelco. Cuando la derecha ingresa al gobierno, ellos asumen los Ministerios de Vivienda, Transportes o Hacienda. Como bien sabemos y guardando las distancias, eso no ocurre en el Perú al menos desde el gobierno de Manuel Prado Ugarteche, o sea, hace más de 50 años.

Conforme la sociedad peruana fue democratizándose (o sea, choleándose), nuestra élite ha venido volviéndose cada vez más autista. Hartos de ver gente fea, enana y marrón en el Centro de Lima, la Universidad San Marcos o las playas de Ancón, la élite limeña ha aspirado permanentemente a crear su propio ecosistema de gente linda y regia como ellos, en donde sus (ex) pongos (hoy venidos en pobladores), puedan seguir siendo reducidos a coro anónimo, escenario, o en ciertos casos, mobiliario. Aprendiendo a hacer negocios a espaldas del gobierno, el aparato del Estado solo les interesa cuando afecta directamente sus negocios privados. Tuvo que llegar el Aprocalipsis y la estatización de la banca para que la pituquería salga a marchar por algo; viéndose obligados a crear el Movimiento Libertad que luego conformó el FREDEMO. Luego de dicha experiencia que culminó en 1992, jamás se volvió a ver blancos rubios de más de 1.75 movilizándose masivamente por algo. De manera análoga a las insulsas liturgias rojas sobre las causas de la desintegración de la Izquierda Unida, cada cierto tiempo los ‘liberales’ (las comillas son intencionales) también suelen reunirse para discutir por qué no aparece un nuevo FREDEMO. Por supuesto, siguen sin lograr entender por qué. Nosotros se los decimos: No les gusta la política, ya que la consideran una actividad low class, en donde tienen que bailar y hacer huevadas para agradar a los cholos como Tudela hizo con Fujimori alguna vez. Por ello prefieren limitarse a repartir migajas entre los políticos que financian para mantener intacto el ‘plan de gobierno de 1990’ y así seguir recibiendo todos los beneficios del crecimiento sin asumir ninguno de los costos. Después de todo, la CONFIEP es sólo un grupo empresarial y no un partido político, ¿verdad?

¿Pero y PPK que es? ¿Acaso no se suponía que este norteamericano de apellido polaco representaba el gobierno de las clases altas del Perú? ¿No serían esas clases aquellas que dejarían la fría sujeción al mandato de políticos chuscos y sin clase para pasar a elaborar las políticas públicas directamente y sin intermediarios? Nosotros creemos que no, y basta hacer un poco de historia para demostrarlo.

Durante la campaña electoral del 2011, PPK representó el (supuesto) regreso de la pituquería a la arena pública. Presentándose como un ‘outsider’, ‘independiente’, y ‘candidato de los jóvenes’, este viejo lobista de 71 años prometía un gobierno en el que los técnicos gobernarían independientemente sin intermediaciones políticas. A fines del año 2010, esto hubiera sido discutible considerando que la alianza electoral de Kuczynski convocaba a sectores bastante heterogéneos y poco digeribles en una boda en Sierra Morena o Playa Embajadores, por ejemplo . Conocido como ‘el sancochado’ por reunir a Acuña, Lay y Yehude Simon bajo la maquinaria del PPC, la llamada ‘Alianza por el Gran Cambio’ figuraba en el rubro ‘otros’ con un 2%. No fue sino hasta la famosa ‘pesada’ de testículos que le hizo una actriz pagada (ex panelista de Laura Bozzo), que el nuevo ‘candidato de los jóvenes’ empezaba a levantar vuelo. A esto hay que sumarle una excelente estrategia de redes sociales y merchandising (similar a las que mueven a estudiantes de Universidades privadas fichas para jalar gente a fiestas electrónicas) bajo una promesa de identificación social automático a través de la afiliación política. El naciente movimiento ‘PPKausa’ del 2011 demostró que la frivolidad y la ignorancia también pueden ser movilizables políticamente. Siguiendo a un grupo de gente que no tenía absolutamente nada en común, sin plan de gobierno conocido o idea fuerza que defender, un banquero norteamericano de 71 años que aspiraba a la Presidencia de puro capricho logró convocar un pequeño, pero ruidoso movimiento de clases medias huachafo-aspiracionales y de cholos pobres que abrazaban poses neoliberal-fascistas con la esperanza de blanquearse-pituquearse; algo francamente absurdo y risible. ¿Y los pitucos? Ahí, en el público, apostando a la timba que se repartían entre Castañeda, Alan, Keiko y Toledo, esperando a que se produzca cualquier escenario menos el que efectivamente ocurrió, el de la victoria de Humala.

Esta falta de conexión entre élites indiferentes y masas movilizables puede leerse a nivel político de manera más profunda. El ejemplo más común suele ser el del bombardeo senderista en Tarata. Guiado bajo la idea de golpear al sector más rico de la oligarquía empresarial limeña, el bombardeo de Tarata sólo afectó a un conjunto de familias de clase baja y media venida a menos que en su mayoría vivían de alquileres y pequeñas propiedades con escasas rentas. Sin embargo, podemos citar otro ejemplo más reciente. Hace algunos meses, el ex toledista y ex asesor ppkuy Jorge Villacorta afirmó que el gabinete Zavala era ‘como el Ku Klux Klan’ dado que para entrar se suponía que todos debían ser blancos (léase pitucos, si descartamos el hecho de que también existen blancos misios). Esta es una aseveración terriblemente injusta y falsa. Salvo que haya sido dicha de pura mala leche, la afirmación de Villacorta no sólo deja inferir su desconocimiento sobre el proceso de transición de gobierno del año 2016, sino de su falta de roce social. Villacorta habla como un clasemediero más que jamás conoció un pituco en su vida hasta que llegó al Estado. Muy por el contrario, el perfil de ‘tecnócrata’ (definido por Alberto Vergara como ‘pituco de paso por el Estado’) seleccionado por Kuczynski para la conformación de su nuevo gobierno no difirió mucho del manejado por Humala. De hecho, a nuestro (virtual ex) Presidente le tomó meses poder conformar la plana mayor de varios de sus Ministerios, dada la carencia de gente allegada interesada a formar parte de su nueva administración. La promesa del gobierno de los técnicos fue sólo eso, una gran promesa que reveló una gran mentira. Mientras tanto, para la gente que corta el jamón en este país, las cosas siguen business as usual. 

¿Pero es esto malo? ¿No deberían los políticos y los empresarios dedicarse cada uno a lo suyo, manteniendo las ‘cuerdas separadas’? Nosotros creemos que no. Que los momios chilenos tengan su propio partido es positivo porque eso los hace visibles, conocidos y vigilables (‘accountables’ dirían los politólogos). Muy diferente al caso del Perú: Aquí nuestra capacidad de conocer pitucos es directamente proporcional a nuestro capital social, sea el club privado, el colegio en La Planicie, el desayuno empresarial, o la fiesta de inauguración del Diario Altavoz en Asia Sur. Para el resto de simples mortales quienes carecemos de dicho privilegio, es probable que jamás veamos en la calle a un verdadero pituco limeño a lo largo de nuestra vida, salvo quizás en las transmisiones televisadas del CADE.

El título de nuestra Editorial se debe a todas las razones mencionadas. Piñera no sólo debería ser Presidente del Perú por la calidad de su élite hecha partido, sino porque por más ‘neoliberal’ y ‘derechista’ que éste sea, aún así sigue siendo más progresista que cualquier político a lo largo de todo el espectro ideológico peruano. Durante el anterior gobierno de Piñera se fortalecieron empresas estatales como Entel (sí, la dueña de ‘nuestro’ Entel Perú) y Codelco, se renegociaron los contratos mineros para aumentar las rentas del Estado y se promovieron derechos sexuales y reproductivos bajo el principio de laicidad del Estado. Mucho más que lo logrado por ‘el chavista’ Humala y el ‘técnico’ Kuczynski.

Lo decimos sin dudas y sin ambages: Los chilenos antes que los Miró Quesada.

Texto e imágenes de: El panfleto
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