Huevadas que paltean: Y si Fujimori sale libre, ¿cómo reaccionaría la prensa nacional?

0

Alberto Kenya Fujimori, súbdito del Imperio Japonés de día y ciudadano peruano de noche, ha salido libre hoy 14 de setiembre del 2017. 8 años ha permanecido en una prisión dorada a la cual ningún reo común tendría acceso, a excepción de Ollanta Humala. No ha pedido perdón y más bien ha promovido su imagen como la de un salvador, un inca, un samurái japonés, un ingeniero eficiente, un chinito buena onda y un candidato ideal para el senado japonés. Su imagen es la de una perfecta mazamorra y gusta bien para el electorado peruano. Un porcentaje considerable de ciudadanos peruanos votaron a favor de él, representado por su hija Keiko Fujimori, en dos elecciones presidenciales. Su hija casi gana en la última. Solo 40 mil personas impidieron su triunfo. Ahora reflexiona y sabe que ella no es una carta ganadora y debe salir como sea. Keiko lo prefiere en la prisión ya que ella se consolidaría como la única líder del partido. Ella no desea verse relegada a ser la ‘segundona’ en Fuerza Popular. La libertad de su padre significaría desaparecer del mapa político… hasta que él muera y él la designe como su legítima sucesora. Algo así como Chávez hizo con Maduro antes de fallecer por el cáncer. Pero, lamentablemente, ella no es la única Fujimori con hambre. Kenji, su hermano menor, fue el congresista más votado y es querido por amas de casa, jóvenes y señores peruanos del Perú. Tiene el carisma necesario y su semblanza genera que las precarias neuronas de los ciudadanos de este país hagan una perversa sinapsis: ¡se parece a ese eficiente samurái japonés que nos sacará del subdesarrollo!

Así en la piscina de neuronas peruana, la memoria se activa de la siguiente manera: “Kenji habla con el corazón, Keiko con un teleprompter. Kenji ama a su padre, Keiko lo odia. Kenji es el pata chévere que te pase las fijas en el examen de matemática, Keiko es la chica creída que te va a acusar con la auxiliar. Kenji te va a prestar la pelota para jugar una pichanga, Keiko no le gusta el fútbol ni el voleibol. Kenji te cuenta un chiste y se ríe de sí mismo, Keiko se asa si le das la contra. Kenji te invita a chupar a su casa porque sus viejos se han ido de viaje, Keiko te deja en visto. Kenji te paga la hora en el cyber, Keiko no juega DOTA. Kenji se sabe la coreo de Axe Bahia, Keiko solo escucha indie folk. Kenji se empuja un tacu tacu con hígado frito, Keiko es vegana. Kenji chupa una chela de a pico en un concierto de salsa en Comas, Keiko va al Dragón de Barranco. Kenji se mecha porque te empujaron en el concierto de salsa en Comas, Keiko llama a seguridad porque la miraste chueco. Kenji te hace el bajo con la flaca que te gusta, Keiko llama a los viejos de la flaca que te gusta y les dice que eres un fumón. Kenji baila pegado el merengue en un tono en Collique, Keiko sigue escuchando indie folk experimental encerrada en su cuarto mientras lee a Levi-Strauss y postea en su muro una cita de algún filósofo francés. Kenji te fía el pollo, Keiko no fía y te bota de su puesto. Kenji te da la yapa en el emoliente, Keiko te cobra un sol más. Kenji te agrega una presa más al caldo de gallina, Keiko no te ni canchita ni limón. Kenji va a tu cumple y se matricula con una botella de ron, Keiko te manda un FC por inbox. Kenji se sabe de memoria todos los capítulos de la Saga de Hades, Keiko no ve televisión. Kenji te hace la taba hasta tu paradero, Keiko se quita al toque. Kenji te presta 5 lucas para la chancha de la chela, Keiko te bota del tono. Kenji pone Cuentos de la Cripta, Perreo intenso, Megamix Salsa Urbana y Cumbia en el tono, Keiko pone Natalia Lafour, ¡¿qué?!”

Kenji, entonces, es la carta exitosa que Alberto Fujimori estaba esperando. Ya maduró. No es un chibolo al cual lo pueden bulear. Tiene su hinchada y lo mejor de todo es que es 14 de setiembre del 2017. Ya es libre y se dirige a su nuevo hogar. No hay camionetas de periodistas que lo persigan. No hay transmisiones en vivo, no hay acoso a sus familiares. El alcalde del distrito donde va a vivir lo va a declarar “ilustre residente y salvador del Perú”. Efectivos de la policía nacional van a montar guardia las 24 horas del día para que nadie lo joda. El primero en visitarlo es su hijo Kenji. Es más, Kenji fue quien lo acompañó desde la prisión hasta su nueva casa. Keiko se enteró de la liberación de su padre en Estados Unidos. “La cagué”, piensa. Inmediatamente se pone en marcha para retornar al Perú y reunirse con su viejo. Kenji ya convocó a una conferencia de prensa, coordinó entrevistas exclusivas con diversos medios nacionales e internacionales, etc.  Alberto Fujimori es inteligente y sabe que un enérgico y dinámico hijo que ama a su padre (Kenji) tiene más posibilidades que una Keiko antipática. Alberto la recibe y le dice que ya fue, hasta aquí nomas, que se vaya a Estados Unidos, que relaje y se quite con honor. Ojalá fuera tan fácil, pero no es así. Keiko tiene muchas deudas, tiene muchos favores que cumplir. Hacer eso es cagar al fujimorismo. ¿Qué hacer?

¿Y la prensa nacional? Se supone que se iba a redactar las reacciones de la prensa nacional, pero en este texto no se redactó nada. Es que eso, estimados lectores, va a suceder: NADA. Ningún jefe de informaciones, director o reportero es lo suficientemente suicida y estúpido para acosar a Alberto Fujimori y a su familia. Quizás una fotito, quizás alguito, pero nada más. La prensa nacional tiene un tratamiento distinto para dictadores y terroristas. Ambos responsables de delitos de lesa humanidad, pero distintos al interior de la redacción de la prensa nacional. Los únicos medios que se la van a jugar van a ser los extranjeros. Los corresponsales tendrán la toma exclusiva, las fotografías impactantes y las declaraciones calientes. El nacional mirará desde CNN cómo Alberto Fujimori es liberado y cómo el Perú inicia su propia camino hacia la autodestrucción.         

Texto e imágenes de: El panfleto
@ Huevadas que paltean: Y si Fujimori sale libre, ¿cómo reaccionaría la prensa nacional?

Comentarios

comentarios

Leave A Reply