Entre cerdos y pasta: la comedia como arma ideológica

0

Escribe: Hiram Crespo
Fundador de la Sociedad de Amigos de Epicuro
Autor de “Cultivando el jardín epicúreo”
Traductor de “Epítome” y “Varios días en Atenas”

Adelante, pruébenos por treinta días. Si no le gustamos, muy probablemente su antigua religión le acepte de vuelta.
Evangelio del Monstruo de Espagueti Volador

Uno de los nuevos movimientos religiosos internacionales de hoy exige a sus fieles llevar un colador de pasta en sus cabezas y, en ocasiones, vestirse como piratas como lo hizo esta pareja para la primera boda pastafariana en Nueva Zelanda. Los miembros de la Iglesia del Monesvol (Monstruo de Espagueti Volador), conocidos como pastafaris, postulan una vida venidera en una isla paradisíaca que cuenta con piratas, strippers y un volcán de cerveza. Naturalmente, comer espaguetis y albóndigas constituye un sacramento.

El pastafarismo (cuyo nombre se inspira en el movimiento rasta, un culto afrocéntrico jamaiquino para el cual fumar marihuana es sacramento) es una religión paródica de los últimos días que argumenta que los reclamos sobrenaturales de la mayoría de las creencias son mutuamente contradictorios. Si vamos a actuar como si fueran todos igualmente válidos sólo para ser políticamente correctos, entonces también podríamos tratar la idea de que el Creador es una nube intergaláctica voladora de fideos y albóndigas (y una plétora de piratas) con el mismo respeto inmerecido que ofrecemos a todas las demás creencias no empíricas.

Los papeles que desempeñaron y las tácticas que usaron los comediantes y filósofos secularistas del mundo antiguo y el moderno han sido lo suficientemente similares como para encontrar cierta continuidad en sus narrativas, argumentos e identidades. El llamado “nuevo ateísmo” no es nuevo. Pasó por un período de desarrollo detenido, pero su infancia se puede ubicar en rollos polvorientos escritos por antiguos intelectuales.

Tanto la antigua tradición epicúrea como el movimiento secular moderno han tenido que lidiar con temas espinosos de libertad de expresión, privilegio religioso y diversidad. Han empleado tácticas similares en sus respectivas guerras culturales, incluyendo la comedia como un arma contra el autoritarismo y el atraso. También enfrentaron la persecución por dicho armamento. Más específicamente, los practicantes modernos del pastafarismo están involucrados en el tipo de sátira disruptiva y educativa por la que se dieron a conocer los antiguos epicúreos.

Antecedentes burlescos

La Iglesia del Monesvol no es la primera religión paródica de la historia. A veces, los antiguos epicúreos también parecen haber tratado de ese modo a su propia tradición filosófica, legítimamente reconocida. El primer indicio es la designación del Canon como “el libro que cayó de los cielos“. El Canon fue la escritura fundacional de Epicuro de Samos, quien estableció el estándar materialista de la verdad basada en la observación empírica. El amor de los epicúreos hacia el Canon era tal que sus enemigos intelectuales bromeaban con que el Canon había caído del cielo. Los epicúreos se apoderaron de esta burla y la convirtieron en un chiste interno: ¡el Canon sí había caído del cielo! Era la Biblia atomista, el Corán filosófico.

Se dice que Epicuro de Samos escribió unas 300 obras, pero son muy pocas las que han sobrevivido: apenas unas tres cartas completas, algunas recopilaciones de máximas, fragmentos aislados y menciones por parte de otros autores.

Se dice que Epicuro de Samos escribió más de 300 obras, pero son muy pocas las que han sobrevivido: apenas unas tres cartas completas, algunas recopilaciones de máximas, varios fragmentos aislados y menciones por parte de otros autores.

Más tarde, en el Siglo I AEC, el poeta epicúreo romano Lucrecio produjo caricaturas didácticas y divertidas de las creencias de sus contemporáneos que aún resuenan. Después de preguntar por qué Júpiter arroja relámpagos a personas inocentes y no a pecadores, y por qué el dios gasta sus esfuerzos dirigiendo el trueno a los desiertos y otras regiones aisladas, Lucrecio se burla de la idea de los orígenes divinos del rayo:

¿O, a medida que pasan las nubes, sube sobre ellas para apuntar a corta distancia?
—Lucrecio, De Rerum Natura VI.402-403

La táctica de la burla sigue hoy en uso entre los nuevos ateos, pues no hay escasez de cristianos, musulmanes o animistas que atribuyen fenómenos meteorológicos y plagas a un dios enojado y vengativo.

En el Siglo II EC, el comediante sirio Luciano de Samósata escribió una sátira sobre Alejandro de Abonutico, un falso profeta pagano que daba oráculos oscuros a patrones ricos. Sus payasadas nos recuerdan a los televangelistas cristianos y los cultos pentecostales de manipulación de serpientes en nuestros días. Para impresionar a la gente, Alejandro andaba con una serpiente y espumaba en la boca, lo cual Luciano explica acusando al profeta de masticar hierbas que contienen saponina.

La obra de Luciano, titulada Alejandro el mercader de oráculos, es una de las más famosas y jocosas obras antirreligiosas de la época tardía del Imperio Romano, algo así como el Religulous de la época. Y casi le cuesta la vida a Luciano. Resulta que Alejandro, aparte de ser vengativo, también tenía dos caras. A la vez que llovía favores sobre Luciano, tramaba su asesinato por mofarse de su culto constantemente. Luciano narra el evento en el sexto párrafo antes del final de la obra:

Cuando tuve la intención de navegar, me envió muchos regalos de despedida y se ofreció a encontrarnos (a Jenofonte y a mí, es decir, porque yo había enviado a mi padre y familia a Amastris) un barco y tripulación, ofrerta que acepté con toda confianza. Cuando el paso estaba medio terminado, observé al maestro en lágrimas discutiendo con sus hombres, lo cual me incomodó mucho. Resulta que las órdenes de Alejandro fueron de apoderarse de nosotros y arrojarnos por la borda; en ese caso, su guerra conmigo habría sido ligeramente ganada. Pero la tripulación se convenció por las lágrimas del maestro a no hacernos ningún daño. “Tengo sesenta años de edad, como puede ver”, me dijo. “He vivido una vida intachable y honesta hasta el momento y no me gustaría en mi tiempo de vida, con una mujer e hijos también, manchar mis manos con sangre”. Y con ese prefacio nos informó de que estábamos allí para morir y de lo que Alejandro le había dicho que hiciera.

Cuando Luciano intentó acusar al falso profeta, los senadores romanos lo convencieron de abandonar el asunto. Muchos de ellos no sólo eran clientes del profeta, sino también temían las represalias de sus muchos seguidores. Luciano reunió las historias sobre las prácticas fraudulentas de Alejandro hasta que el profeta murió de viejo, momento en que publicó la sátira. El falso profeta escapó impune de un intento de asesinato.

La obra está salpicada de palabras cariñosas de alabanza a Epicuro y su legado, y ostenta haber sido escrita como un acto de solidaridad con los epicúreos. En el párrafo introductorio, vemos una imagen del alegre ambiente cultural de los epicúreos: una especie de “cultura de la comedia”. Luciano, además de ser gracioso, era un narrador brillante y entretenido. Sus allegados, como Celso —a quien dedica la obra— disfrutaron tanto escuchando esas historias que quisieron un registro de ellas para su diversión continua y la de las generaciones futuras.

Volviendo al relato original de la inmunidad y el privilegio religiosos, no se puede dejar de observar sus similitudes con acontecimientos recientes. Consideremos los violentos ataques islámicos contra los caricaturistas de Charlie Hebdo, o la intimidación a los creadores de South Park o a autores como Salman Rushdie. Estos conflictos muestran la tensión entre la comedia y las religiones autoritarias, donde un respeto excesivo e inmerecido se canaliza hacia ciertas personas o símbolos. Incluso cuando nuestras sociedades consagran el derecho a blasfemar dentro de garantías amplias de libertad de expresión, algunas comunidades guiadas por religiones autoritarias pueden obligar al Estado a anular esas garantías, aunque sea sólo temporalmente.

Una vieja receta

Se puede argumentar que precisamente a causa de estos peligros, uno debe emplear ingeniosamente la parresía, que se traduce como “crítica franca” o “discurso franco”. La parresía fue inicialmente un poder reservado para los ciudadanos griegos libres, pero los filósofos epicúreos lo convirtieron en una herramienta para unos constantes automejoramiento y educación. Filodemo de Gadara enseñó que “la filosofía cura a través de la crítica franca”.

Filodemo, en su pergamino Sobre la crítica franca, menciona que los filósofos emplean dos formas de parresía terapéutica. Por un lado, la crítica privada limpia el carácter humano y purga malos hábitos y enfermedades del alma. Por otro lado, la crítica pública ayuda a emancipar a la gente de las tradiciones ciegas, las convenciones sociales y las opiniones falsas, que son degradantes y generan sufrimiento. La idea era diagnosticar una enfermedad del alma para el tratamiento. La parresía podía ser desagradable, como una medicina amarga, particularmente cuando el receptor era rico o arrogante. Los epicúreos se dieron a conocer por mejorar la medicina con “suavidad“, la virtud del discurso gentil y dulce. La comedia puede entonces ayudar a lubricar la dureza de la parresía.

En la comunidad LGBT moderna, la parresía puede tomar la forma de “sacar al fresco” a alguien. Aunque a veces sea degradante, en otras ocasiones puede genuinamente servir para demostrar terapéuticamente una debilidad o defecto del carácter: la arrogancia y la vacía insinuación de superioridad moral de un predicador, las tendencias a mentir de un político, las inseguridades de un fanático intolerante. Las sociedades necesitan designar payasos que miran desde afuera y desinflan las hipocresías con burla y franqueza. Las drag queens frecuentemente adoptan este rol en Occidente, como lo hacían sus contrapartes de dos espíritus y géneros diversos en las culturas norteamericanas nativas. La comunidad LGBT también emplea la parresía de otro modo: el proceso de salir del armario. No sólo crea la oportunidad de autenticidad para la persona que sale, sino que fuerza mayor autenticidad en el resto de la sociedad.

El uso de diversas formas de parresía es uno de los hilos que une a los activistas seculares modernos y antiguos. El creacionismo y las nociones de intervención divina en la naturaleza eran tan prevalentes para los paganos y laicistas antiguos como lo son hoy para muchos. Los pastafaris de hoy han construido un circo entero de parodia alrededor de las creencias absurdas en la creación divina que persisten en el siglo XXI.

Aquí, un detalle ayudará a ilustrar las diferentes actitudes adoptadas por las comunidades seculares progresistas y religiosas regresivas, usando el ejemplo de los antiguos epicúreos y los musulmanes contemporáneos. El cerdo se considera sucio e insultante en la tradición islámica, mientras los epicúreos lo aceptaron como símbolo de la vida agradable de un hedonista. En la villa de Herculano, la comunidad epicúrea exhibía una escultura prominente de un cerdo. El poeta Horacio, en broma, afirmó ser “un cerdo gordo del rebaño de Epicuro”. La comparación de los epicúreos con los cerdos parece haber comenzado como un insulto proveniente de las escuelas enemigas, inspiradas en el amor de los epicúreos por el placer.

Esta alegre afirmación, en la poesía y la escultura, de ser un rebaño porcino, incluso hasta la adopción del cerdo como un símbolo formal (tal como vemos en Herculano), junto con la designación de su Canon como “el libro que cayó del cielo”, muestra la jovialidad y la disposición de los epicúreos a no tomarse demasiado en serio. Esto parece haber sido un orgulloso rasgo cultural de los epicúreos. En cambio, es imposible imaginar a los musulmanes de hoy asumiendo epítetos como “cerdo” tan fácilmente y en broma.

«Rasca a un cínico y encontrarás a un idealista decepcionado». (George Carlin)

«Rasca a un cínico y encontrarás a un idealista decepcionado» (George Carlin). Los monólogos de este comediante en contra de la religión, ampliamente disponibles en la Internet, son material obligado y recurrente en los círculos librepensadores de todo el mundo.

Esta diferencia cultural fundamental caracteriza las guerras entre secularistas y religiosos, tanto en la cultura moderna como en la antigua. Podemos argumentar que se remonta a Demócrito, el precursor de Epicuro conocido como “el filósofo risueño” por hacer de la alegría su virtud clave, y por la forma en que se burlaba del comportamiento humano. La tradición de los filósofos risueños tuvo que empezar con el primer atomista: el materialismo nos libera de las creencias infundadas hasta tal punto que hace absurdas las creencias y la credulidad de las muchedumbres.

Los epicúreos y los cínicos han continuado esta tradición. El comediante ateo George Carlin —que, de hecho, estudió Filosofía— es uno de los ejemplos más recientes y brillantes de un filósofo risueño. Utilizaba la comedia y la crítica franca de una manera blasfema, disruptiva y liberadora. Y no reservaba su mala medicina sólo para la religión: su discurso contra los banqueros, muchos años antes del colapso bancario de 2008, resultó casi profético.

La revancha de Epicuro

El fenómeno de las religiones paródicas es muy popular hoy entre los ateos militantes. Los pastafaris adoran al Monesvol y, como protesta y declaración sobre los excesos del privilegio religioso, en los últimos años se han visto implicados en controversias por insistir en tomarse las fotos para sus documentos de identificación con coladores de pasta sobre la cabeza, o por pedir que su fe sea legitimada mediante el censo.

Como hemos visto, los antiguos epicúreos también se comportaban a menudo como una religión paródica y usaban tácticas parecidas. Pero las intenciones políticas detrás de su disrupción eran secundarias frente al valor educativo, filosófico y cómico de su producto cultural. En el pasaje titulado “La isla de los bienaventurados” de su Historia verdadera, Luciano inventa y describe con gran detalle un paraíso. Envía a todos los epicúreos y espíritus afines a su versión del cielo, en cuyo centro se encuentra un sagrado pozo de la risa, pero se niega a admitir a miembros de escuelas enemigas al describir cómicamente cómo no lograron encontrar la isla. Los aristotélicos, en su camino a la isla de los bienaventurados, se detuvieron y se quedaron perplejos ante la posibilidad de que tal cosa existiera, mientras los estoicos estaban ocupados escalando la colina de la virtud. Luciano utiliza el ingenio para exponer la doctrina epicúrea sobre cómo confiar demasiado en la lógica, o fijar metas distintas al placer, puede obstaculizar la felicidad humana.

Del mismo modo, algunos pastafaris ponen temporalmente todas las bromas a un lado y argumentan que su culto presenta unos puntos filosóficos legítimos acerca de quién lleva la carga de la prueba respecto de los reclamos religiosos, y cómo toda afirmación sobrenatural improbable es tan válida como el mito de la creación que encontramos en la Biblia.

Hay gran tensión en Europa como resultado del surgimiento del extremismo islámico y muchos occidentales buscan un pasado idealizado para articular una identidad y solidaridad compartida. Aunque Epicuro no era ateo, muchos secularistas frecuentemente buscan en Epicuro un modelo. Como resultado, este héroe humanista griego está volviendo a la cultura, como lo atestigua la proliferación de contenidos y memes epicúreos en las redes sociales. El sabio de Samos incluso ha sido replicado en efigies hechas con impresoras 3D, una tradición escultórica futurista y altamente personalizada que ha comenzado en nuestra generación. Tal vez sea un síntoma de cómo Epicuro está siendo reimaginado para las generaciones futuras por los humanistas modernos.

«Pero sólo el que se ríe de sí mismo sobrevivirá». (Luis Felipe Angell, "Sofocleto", en caricatura de Óscar López Aliaga, 1973)

«Pero sólo el que se ríe de sí mismo sobrevivirá» (Luis Felipe Angell, “Sofocleto”, en caricatura de Óscar López Aliaga, 1973). Sofocleto, uno de los más prolíficos humoristas de habla castellana, fue objeto de hostigamiento por parte del gobierno militar peruano en los años 70, lo que incluyó ser deportado y sufrir el saqueo de su biblioteca.

Sin duda, nuestros héroes culturales nos podrían ayudar a defender los valores de la civilización occidental y la libre expresión. Epicuro y la tradición de los filósofos risueños proporcionan una rica fuente que satisface el fuerte deseo que muchos occidentales sienten de reimaginar sus identidades en línea con sólidos principios científicos y seculares.

Los pastafaris y los nuevos ateos se han apropiado de muchos de los métodos y discursos que los epicúreos propusieron y usaron. Los argumentos de Lucrecio sobre cómo los dioses no hicieron este mundo imperfecto para los humanos se usan todavía. Las llamadas guerras culturales de hoy, cuyas expresiones encontramos tanto en el nuevo ateísmo como en las religiones paródicas, son una continuación de antiguas conversaciones, identidades, tácticas y narrativas de los epicúreos y, más ampliamente, de los filósofos risueños.

Pero la parresía y la comedia no son las únicas herramientas epicúreas. También hay suavidad, la virtud del habla dulce y amable por la que los epicúreos eran conocidos, y es allí donde los epicúreos podrían tener algo que añadir al nuevo ateísmo: ayudando a encontrar el equilibrio entre militancia y ataraxia, esa paz mental estable que era el objetivo final de la terapia epicúrea. El discurso franco es la señal de que somos ciudadanos libres. Pero hay muchas maneras de decir algo, y a veces la utilidad de nuestras palabras es sacrificada por su dureza.

Publicado originalmente en inglés el 19-05-2016 en el blog Eidolon

Primera versión en castellano publicada el 19-04-2017 en el blog Sociedad de Amigos de Epicuro.


Imágenes de: Utero

Fuente: Utero | Entre cerdos y pasta: la comedia como arma ideológica

0
0

Comentarios

comentarios