CORRUPCION E IDEOLOGIA

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(Foto: El Comercio)

Durante las últimas semanas, algunos columnistas han impulsado un debate que podría sintetizarse en una pregunta: ¿Quién está más embarrada con el caso Lava Jato: la izquierda o la derecha? Martín Tanaka resume las posiciones:

En este momento inicial, la reacción es un tanto infantil: cada quien pretende esconder sus responsabilidades, y echarle la culpa a los otros. Digamos, para una parte de la izquierda este es el fracaso del modelo económico neoliberal, y para una parte de la derecha, del foro de Sao Paulo. En realidad, la naturaleza del problema hace que esta vez las culpas no estén claramente de un lado, como en la coyuntura del año 2000, sino repartidas por todas partes.

Las versiones que acusan a la izquierda parten de un hecho fundamental: el liderazgo del Partido de los Trabajadores de un proyecto político que buscaba consolidar un importante bloque de izquierda en América Latina (vean este documento publicado en el blog de la periodista Jacqueline Fowks para que vean que esto es real). Y dado que el PT es el partido más embarrado con la corrupción en Brasil, lo que habría fracasado al final es un proyecto de injerencia continental con fuertes visos de trapicheo.

El problema es que quedarse en echarle la culpa solo al Foro de Sao Paulo tiene problemas. De un lado, porque el proyecto geopolítico brasileño de expansión de su presencia continental no nació con el PT, sino con Fernando Henrique Cardoso (quien plantea la Comunidad Sudamericana de Naciones y el IIRSA). De otro lado, porque si bien Lula terminó siendo el lobbista de más alto rango de Odebrecht y el Partido de los Trabajadores tiene mucho que explicar sobre sus años en el gobierno, también es cierto que buena parte de la clase política brasileña está involucrada en los casos de corrupción. Ejemplo claro: Aecio Neves, el candidato opositor a Dilma Rousseff en las elecciones de 2014, es uno de los nuevos involucrados en Lava Jato.

Resulta también sugestivo culpar al modelo económico o a los tecnócratas. Como señalamos la semana pasada, es clara la existencia de “puertas giratorias” entre el sector público y el sector privado, que pueden tener aspectos positivos (conocimiento del sector), como también negativos (favorecimiento a empresas o posible uso de información privilegiada). A ello se suman sentidos comunes que, en nombre del “destrabe”, pueden consentir gestiones de intereses que sean impropias o tolerar “un poquito de corrupción”. Y por supuesto, es claro que Proinversión no ha sido la entidad modelo que se pensaba.

Pero también es cierto que ningún modelo económico, en sí mismo, es una garantía contra la corrupción, pero tampoco un imán de corruptos per se. En principio, una economía abierta debería generar mayores incentivos para la competencia, siempre y cuando las instituciones funcionen adecuadamente. Por lo que el problema pasa por realizar algunos ajustes tanto en lo económico como, sobre todo, en lo institucional.

Por tanto, si bien resulta importante que tanto izquierdas como derechas reflexionen sobre aquellos aspectos que los ha hecho permeables a la corrupción, también es cierto que dicha autocrítica no implique un ataque para descalificar al otro lado per se. Resulta indispensable que el procesamiento de lo ocurrido en el caso Lava Jato implique que tengamos una izquierda y una derecha modernas como producto del mismo. Y ello no se podrá hacer si es que seguimos en esta competencia por echarse la culpa.

Texto e imágenes de: Desde el tercer piso : CORRUPCION E IDEOLOGIA

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