EL PERIODISMO Y ODEBRECHT

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Hace un par de semanas, en Chicharrón de Prensa, el periodista Jaime Cordero – editor de la revista h – y yo dialogábamos con los dos conductores del espacio sobre un tema que, hasta ahora, ha sido tabú o solo se ha utilizado para tratar de enlodar a quien no piensa como uno: la relación entre la prensa y Odebrecht. Menciono solo a una de las constructoras brasileñas involucradas en el caso Lava Jato porque ha sido la más agresiva en contar con buenas relaciones con el periodismo peruano.

En la conversa con Luis Davelouis y Man Ray, Cordero señalaba que había que hacer una primera diferenciación: los periodistas y comunicadores que, en el legítimo ejercicio de su derecho al trabajo, trabajaron en Odebrecht. Personas que, como indicaba Jaime, deberán ahora tener que explicar la chamba que hicieron durante todos los años en que se decían varias acusaciones sobre la mencionada empresa.

Y un segundo grupo: aquellos periodistas que hicieron algún tipo de trabajo para Odebrecht (a modo de consultorías, asesorías o trato comercial), sin que informaran a sus lectores, televidentes y escuchas que, a la par que les presentaban las noticias, no hacían pública esta relación. Aquí también entrarían columnistas de opinión de medios impresos y digitales que no hacían lo propio (o, peor aún, escribían a favor de la empresa).

Lamento decepcionar a los que esperaban nombres de estos segundos. No tengo una supuesta lista que estaría circulando sobre periodistas que hicieron consultorías para Odebrecht. Ni menos aún un nombre. Con una sola excepción.

Durante las últimas semanas, quien habla como otros usuarios de Twitter – entre ellos, la cuenta @fujitrolls – hemos presentado evidencia que la empresa de Alfonso Baella Herrera, conductor de ATV+ y columnista del diario Expreso, hacía trabajos de servicio digital tanto para Odebrecht como para el Gasoducto Sur Peruano, cuyo consorcio integraba la empresa brasileña. Baella no ha respondido a sus seguidores en redes sociales – ni tampoco en sus espacios periodísticos sobre esta relación comercial.

De hecho, hace dos semanas, cuando aparecieron las primeras fotografías y capturas de pantalla sobre los vínculos de Baella Herrera con la empresa brasileña  – que incluyen a una hermana suya trabajando para la referida compañía -, le enviamos a su correo corporativo un breve cuestionario acerca de estos vínculos comerciales que no eran transparentes para el público (Baella Consulting no coloca su lista de clientes en su página web). Hasta el momento seguimos esperando las respuestas del conductor y analista político.

Sin duda, el trato comercial de Baella con Odebrecht no supone un delito, pero sí es cierto que, por respeto a sus lectores y televidentes, debió hacer pública esta relación. Y lo mismo cabe para todos aquellos periodistas y opinadores que han tenido algún tipo de consultoría, asesoría de imagen o media training para la empresa brasileña o para alguna de las constructoras que hoy están sumidas en el escándalo que hoy vemos todos los días en las noticias.

Por nuestra parte, nunca hemos tenido ningún trabajo de este tipo para ninguna empresa o entidad pública. Y resulta indispensable que todos quienes tenemos alguna labor de opinión o difusión de información hagamos este tipo de disclaimer.

Más difusa – como indicó Cordero hace dos semanas – es la línea vinculada a los concursos de periodismo. Hace dos semanas, el periodista Eduardo Abusada contó cómo fue la presentación de un libro recopilatorio de los trabajos ganadores en uno de los certámenes convocados directamente por Odebrecht, denominado “Peruanos Construyendo Futuro”. El problema con este concurso era que se pedían trabajos “sobre personas que mejoraron su desarrollo personal o de su comunidad a partir de las obras en las que Odebrecht ha participado, a lo largo de estos años, en nuestro país”. En otras palabras, un cherry encubierto para la empresa por parte de los trabajos participantes. Algo que también recae en el campo ético y que también suscita varios dilemas morales sobre la realización de trabajos directamente ligados a una empresa y que, además, pueden recibir un premio en efectivo por ello.

Esta tarde, el Instituto Prensa y Sociedad hizo una aclaración en relación con el auspicio dado por Odebrecht a la primera edición de sus Premios Nacionales de Periodismo. IPYS aclaró que rescindió dicho contrato de donación en 2015, una vez que se conocieron las evidencias de corrupción en Brasil y que el concurso no se vio comprometido en su orientación por este y los demás auspicios privados que tuvieron. Hasta aquí, todo bien con la aclaración.

Pero, sin duda, cabe preguntarse si fue una buena idea que, en 2014, se aceptara este apoyo de la empresa brasileña, cuando ya existían algunas evidencias sobre su conducta. A mi criterio, con el respeto y aprecio que tengo por varios de los integrantes de IPYS, fue un error. Felizmente, el mismo fue corregido para los años siguientes.

Sumemos a ello el tema de la publicidad. Sin duda, una de las suspicacias que se tienen frente al público es que existen condicionamientos comerciales frente al contenido informativo que se presenta. Y ello va tanto para grandes medios como para portales de investigación y noticias. De hecho, hace unas semanas también circuló la publicidad que apareció en el portal Utero.pe en 2009. En su momento, Marco Sifuentes, entonces editor del blog, aclaró las diferencias entre los espacios publicitarios y los periodísticos. A tal punto que se había publicado una noticia sobre una supuesta coima de un exabogado de Odebrecht al exministro Allison en aquellos meses. Este tipo de aclaraciones y la existencia de códigos de ética – como los que tienen Semana Económica, El Comercio e incluso Utero.pe – resultan pertinentes para todos los medios.

Finalmente, una pregunta que le hice a Luis Davelouis y que hago extensiva a los amigos periodistas económicos: ¿no debieron alertar en sus páginas sobre estos casos de corrupción empresarial? Sí, es cierto que hay medios – sobre todo, en Internet, como Ojo Público, Convoca e IDL Reporteros – que están sacando continuamente cosas sobre casos de inconductas empresariales, pero uno esperaría que los medios más grandes y establecidos hagan lo mismo. Aquí, sin duda, también cabe una reflexión sobre el rol que tiene el periodismo económico respecto de uno de sus objetos de interés: los conglomerados.

Sin duda, es necesario que el periodismo vuelva a marcar una distancia saludable de las empresas. Y que cercanías como las que Odebrecht tuvo no vuelvan a repetirse. Asimismo, se requiere una mayor transparencia sobre consultorías hechas por periodistas y columnistas – aunque lo ideal, como dice Gustavo Gorriti, es que no las hagan -, así como una clara política sobre publicidad. Y, por supuesto, que los certámenes por encargo no sean la regla, así como unos líneamientos más claros sobre los auspicios a recibir para los galardones más renombrados. Así como el empresariado y la clase política requieren reflexionar sobre su rol a la luz de este escándalo, es bueno que el periodismo lo haga.




Fuente: Desde el tercer piso

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