EL FINAL DE TOLEDO

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Cuando se destapó el caso Ecoteva y Alejandro Toledo pronunció sus primeras faltas a la verdad, indicamos que el escenario más benigno, en términos judiciales, para el expresidente, era que se descubriera que estábamos ante una transacción de inmuebles controvertida, pero legal, donde el objetivo final fuera evitar que los bienes adquiridos fueran parte de la masa hereditaria, a fin que su hija menor no pudiera acceder a los mismos a la fecha del fallecimiento del líder de Perú Posible.

El problema para Toledo es que, judicialmente, el escenario es más complejo.

Hoy La República publica un completo informe respecto de los movimientos en las cuentas bancarias de Joseph Maiman, empresario y amigo personal de Toledo, vinculados a la recepción de dinero presuntamente vinculado a empresas brasileñas. La sospecha de las instancias de investigación en Estados Unidos, Suiza y Perú es que esta es la ruta de presuntas coimas a un alto funcionario de la administración Toledo y un emisario. Las empresas a las que se haría alusión son Camargo Correa y Odebrecht.

¿Cómo complica esto a Toledo? En dos aspectos clave: dos empresas constructoras brasileñas – Camargo Correa y Queiroz Galvao – aportaron abiertamente a la campaña electoral de 2011, aportes que, siendo legales, el expresidente no pudo explicar nunca políticamente. Y, sobre todo, porque el origen del dinero de la empresa Ecoteva, constituida en Costa Rica, fue achacado por Toledo precisamente a Maiman. Recordemos que esta fue la off shore a través de la cual se adquirió una casa en Las Casuarinas y una oficina a pocas cuadras de la casa del expresidente en Camacho.

Y si se descubre que la ruta del dinero final fue esa, la situación del expresidente puede terminar siendo más que complicada en el proceso por lavado de activos que se le sigue por el caso Ecoteva. Mejor dicho, podría terminar, por lo menos, en arresto domiciliario en lo que queda de las indagaciones por este caso y el más que posible juicio oral.

En otras palabras, de todos los políticos presuntamente involucrados en el megacaso de corrupción de empresas brasileñas en el Perú, es Toledo quien, en términos probatorios, la tiene más complicada hasta el momento.

Y, políticamente, su situación no es mucho mejor. El caso Ecoteva hizo recordar los serios problemas con la verdad que ha tenido Toledo durante toda su carrera política. Perú Posible perdió la inscripción gracias a su pobre performance en las últimas elecciones. No tiene un solo congresista que lo defienda, en medio de un congreso con mayoría fujimorista que querrá cobrarse revancha por los juicios contra la organización criminal que encabezó su líder histórico. Casi todos los rostros que salieron a la luz gracias a PP han terminado en otras fuerzas. E incluso los periodistas y personajes de la sociedad civil que consideran que su gobierno tuvo varios logros hoy muestran serias y claras distancias de la conducta ética del expresidente. Y es claro que su tiempo político ha terminado.

Asimismo, lo que pase con Toledo en términos políticos no va a servir para pegarle a un expresidente cuya imagen ya viene bastante deteriorada o a un partido inexistente – y que él nunca quiso institucionalizar en serio -, sino básicamente buscará ser empleado contra aquellos sectores que, en algún momento, lo apoyaron. Para desgracia de los fujimoristas y conservadores que aspiran a ese escenario, hace rato que todos quienes en algún momento vieron en Toledo una esperanza le dieron la espalda, con excepción de un pequeño núcleo de incondicionales.

Bien haría, por tanto, Alejandro Toledo en retornar al país (salió del territorio nacional hacia Estados Unidos en la madrugada del viernes) y explicar, finalmente, con la verdad, el origen de este dinero. Sin futuro político y con su credibilidad pública más que mellada, a esta altura solo le queda contar todo, para salvar el legado de su gobierno ante la historia. Su tiempo ha terminado.




Fuente: Desde el tercer piso

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