Las columnas que Hildebrandt tomó sin permiso

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El semanario Hildebrandt en sus Trece reprodujo columnas de opinión originalmente publicadas en medios extranjeros sin citar la fuente y sin la autorización de los autores. Además, plagió una nota informativa del periódico español 20 minutos.

“La prensa peruana es en estos días un homenaje a la derrota de aquellos ideales que alguna vez la hicieron importante. Es también, muchas veces, una contribución decisiva a los anales de la vulgaridad”, escribió el periodista César Hildebrandt en el prólogo a la segunda edición de su libro de entrevistas Cambio de palabras.

Esas líneas, publicadas en 2008, parecen haber sido un presagio de lo que su propio semanario ha venido practicando en sus últimos números. Si en este reportaje las palabras escritas por Hildebrandt no hubieran estado entre comillas e indicando la fuente, representarían con más exactitud la paradoja y la contradicción entre el discurso y la práctica en la que cae el periodista. El semanario que dirige está acostumbrado a tomar columnas de opinión de autores extranjeros y reproducirlas en sus páginas, sin tener la autorización de los firmantes y, por supuesto, sin pagarles.

En el número 306 de Hildebrandt en sus Trece, publicado el 1 de julio, se incluyeron siete columnas de opinión. De ellas, solo tres fueron escritas por verdaderos colaboradores del periódico, cuyos nombres aparecen en los créditos: Pedro Francke, Ronald Gamarra y Juan Manuel Robles. Las otras cuatro columnas fueron de autores extranjeros, ausentes en la relación de nombres de las personas que conforman la publicación. Despertada la sospecha, Carta Abierta se puso en contacto con dos de ellos, quienes confirmaron que no tenían conocimiento de la publicación de sus columnas en el semanario limeño.

El primer caso es el de la argentina Fernanda Sández, del diario La Nación. Su columna titulada “El último refugio de la vida eterna: Internet”, publicada el 7 de febrero en las versiones web e impresa del medio argentino, fue reproducida –omitiendo el último párrafo– en Hildebrandt en sus 13 con el titular “La inmortalidad online”. “No sabía de la publicación, ni del retrato. No hubo ni permiso para eso ni, claro, retribución alguna por mi trabajo”, declaró Sández para este reportaje. En su caso, el retrato que acompaña a la columna parece haber sido obtenido de su cuenta de Twitter.

Hildebrant

“No lo puedo creer, te juro”, dijo la periodista argentina Fernanda Sández cuando se enteró de que su columna había sido reproducida por Hildebrandt en sus Trece. Cinco meses antes había sido publicada en el diario La Nación.

Carta Abierta contactó al editor de Sández en La Nación, quien aseguró que el periódico argentino solo tiene un convenio con un medio peruano, el diario El Comercio, a través del Grupo de Diarios de América (GDA). Cuando en las páginas de El Comercio se publica un texto de algún diario miembro del GDA, lo hace citando la fuente. Hildebrandt en sus Trece no indica la fuente de ninguna de las columnas que antes fueron publicadas en medios extranjeros.

El segundo caso es el del español Fernando López Agudín. Sobre la reproducción de su texto en el número 306 de Hildebrandt en sus Trece, dijo: “Nadie me informó sobre la publicación de la columna ni he percibido ninguna retribución por ello. Mi única colaboración periodística hoy en día es en el periódico Público”. El 27 de junio López Agudín publicó en el medio español Publico una columna titulada “El sorpasso de Rajoy”. El 1 de julio Hildebrandt en sus Trece reprodujo la misma columna pero le cambió el titular a “Derrota cabal en España”. Tampoco citó la fuente. 

Ese no es el único texto que el semanario limeño tomó de Público. En el número del 27 de mayo sucedió lo mismo con una columna de la iraní Nazanín Armanian y en el del 13 de mayo, con una de Agnese Marra. El medio español es bien claro al exponer sus políticas de propiedad intelectual. Dice que “es titular de todos los derechos de propiedad intelectual e industrial del Sitio Web, haciendo expresa reserva de los mismos, por cuanto queda expresamente prohibida la reproducción, distribución y comunicación pública en todo o en parte de los mismos, en ninguna forma ni por ningún medio sin contar con la autorización previa”.

Público no respondió a los intentos de comunicación de Carta Abierta para saber si existe algún convenio de colaboración entre ambos medios, pero aun si lo hubiera, Hildebrandt en sus Trece debería indicar la fuente.

Estos no son casos aislados. El 3 de junio sucedió lo mismo con una columna del historiador italiano Enzo Traverso. Ese día Hildebrandt en sus Trece publicó su columna titulada “Nueva decadencia de occidente”. En su número de abril,  la revista española Viento Sur, había publicado el mismo texto con el titular “Las paradojas de la crisis europea”. Consultado sobre el caso, el italiano dijo: “No conozco Hildebrandt en sus Trece”. En la web de Viento Sur se anuncia que el medio tiene una licencia de Creative Commons que indica: “No puede utilizar el material para una finalidad comercial”.

Los casos sobran. Todas las columnas de opinión de autores extranjeros, publicadas en los diez números de Hildebrandt en sus Trece analizados para este reportaje, se pueden encontrar en páginas de internet de los medios en los que fueron publicadas originalmente. Por ejemplo, en el número del 24 de junio se publicaron dos columnas que previamente habían aparecido en el medio español Jotdown; en el número del 1 de julio hay una columna que primero fue publicada en la colombiana Semana; en el número del 8 de julio hay una columna originalmente publicada en el medio mexicano Reforma; y en el número del 15 de julio aparece una columna del periódico inglés The Guardian. En ninguna se indicó la fuente.

 

EL CASO DE PLAGIO

Los casos anteriores no se consideran legalmente como plagio, pues se consigna el nombre de los autores. Pero en Hildebrandt en sus Trece también hay un caso de plagio. El semanario reprodujo, en su número 304, del 17 de junio, una nota informativa que originalmente fue publicada en el periódico 20 minutos, de España.

“La palabra vergüenza sufre destierro eterno, la riqueza suele tener rabo de paja, el plagio es un género literario”, escribió César Hildebrandt en una columna titulada “País delirante”, publicada el 8 de julio en el semanario que lleva su apellido. Otra vez, una cita suya desnuda una paradoja.

Originalmente, la nota plagiada se titula “El autor del atentado de Orlando usaba una app de citas para gays y había ido antes al club Pulse”. Fue publicada el 14 de junio, tres días antes de ser reproducida en las páginas de Hildebrandt en sus Trece con el titular “Perfil de lo más extraño”, y sin citar la fuente. Aunque el semanario tuviera un convenio con el periódico español, tendría que haber anunciado la fuente, de lo contrario está presentando un texto como si hubiera sido escrito por sus redactores.

Hildebrandt

Este es un caso de plagio. Aun si es que el semanario limeño tuviera un convenio con el periódico español 20 minutos, debería indicar la fuente.

 

EL PROBLEMA LEGAL

En el caso del plagio la falta es evidente, pero el resto de casos también vulneran los derechos de propiedad intelectual. La Ley Sobre el Derecho de Autor (D.L. 882), en su artículo 37, dice: “es ilícita toda reproducción, comunicación, distribución, o cualquier otra modalidad de explotación de la obra, en forma total o parcial, que se realice sin el consentimiento previo y escrito del titular del derecho de autor”.

El artículo 10 de la misma ley dice: “El autor es el titular originario de los derechos exclusivos sobre la obra, de orden moral y patrimonial, reconocidos por la presente ley”. Los artículos 44 y 45 mencionan que es lícito reproducir fragmentos o citas, con la exigencia de indicar el nombre del autor y la fuente. Aun si el semanario calificara como ‘citas’ la reproducción de los textos periodísticos, tendría la obligación de indicar la fuente.

Consultado sobre el tema, un abogado especialista en propiedad intelectual que prefirió no ser identificado, opinó que lo más grave de estas faltas es que engañan a los lectores, pues estos asumen que los columnistas de un medio están contratados por quien publica sus textos. El prestigio de una publicación se sostiene en quienes escriben en ella y en la calidad de sus artículos; construir un prestigio en base a textos obtenidos sin autorización de los autores es engañar a los lectores. El engaño es más evidente cuando las columnas tomadas de medios extranjeros son presentadas en el mismo formato que las columnas de los colaboradores reales, como sucede en Hildebrandt en sus Trece.

 

LAS POSIBLES SANCIONES

Estas prácticas pueden calificarse como faltas graves puesto que están siendo realizadas con fines de comercialización. Las sanciones podrían llegar a una multa de 150 Unidades Impositivas Tributarias (UIT), o al doble porque hay reincidencia, lo cual sumaría S/. 1’185,000. Además, podría ordenarse el cierre temporal o definitivo del establecimiento, en este caso la oficina del semanario. Todo esto está regulado por el capítulo VI de la Ley Sobre el Derecho de Autor.  

Consultada sobre el caso, Fernanda Sández manifestó su intención de iniciar acciones legales por la reproducción de su columna, escrita para La Nación. El procedimiento legal puede ser iniciado a consecuencia de una denuncia, como haría la periodista argentina, pero también el Indecopi puede abrir una investigación de oficio, según el abogado especialista en propiedad intelectual antes citado.

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Las columnas tomadas de medios extranjeros son presentadas en el mismo formato que las columnas escritas para el semanario, el engaño a los lectores es evidente. Foto: Jimena Rodríguez.

LA DERROTA DE LOS IDEALES

Carta Abierta contactó a César Hildebrandt para conocer sus descargos. El periodista pidió que se le volviera a llamar al día siguiente del primer contacto telefónico, indicando que no era un buen momento para responder. Al día siguiente, no contestó el teléfono. La editora del semanario, Rebeca Diz, tampoco contestó. Juan Manuel Robles, uno de los columnistas más recurrentes en las páginas de Hildebrandt en sus Trece, dijo que prefería no declarar sobre el tema.

Sorprende que, siendo periodistas, prefieran no responder preguntas de interés periodístico. El homenaje a la derrota de aquellos ideales que alguna vez hicieron importante a la prensa, como dijo Hildebrandt sobre el periodismo peruano actual, sigue su rumbo. Y la palabra vergüenza continúa sufriendo destierro.

[Publicado en la revista Carta Abierta N°11]

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Texto e imágenes de: Cartaabierta.pe
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