Carlos Paredes: “No creo que la prensa diaria sea menos que el periodismo de investigación”

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Con 25 años de trayectoria, José Carlos Paredes Rojas (45 años, Huancayo) fue hasta hace poco director de uno de los noticieros más importantes del país. Son más de un millón de personas los que miran diariamente el producto que él dirigía, 90 Central, y que conduce Mónica Delta. Comenzó en el mundo del periodismo a los 20 años y su primera comisión fue un atentado terrorista. Eran tiempos tumultuosos, de crisis y de horror pero si hay algo que él asegura es que nunca se le cruzó por la mente desistir de ejercer el oficio. Ha renunciado cuatro veces por intentos de censura. El periodismo lo tiene en las venas.

Pese a que su carrera está ligada desde su inicio con el mundo de la televisión, es en el periodismo escrito donde consiguió sus mayores reconocimientos. Con el trabajo de investigación que reveló una faceta un tanto desconocida del general (r) Ketín Vidal, al que se le creyó héroe por el vídeo donde aparece capturando a Abimael Guzmán, Carlos Paredes ganó el mayor galardón y la mejor experiencia –en sus palabras- que ha vivido: el premio anual de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y beber vino por más de cuatro horas con el difunto premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. Carlos, además, es profesor universitario. Actualmente está a cargo del curso Dirección Periodística del décimo ciclo de la carrera de Periodismo en la Universidad de Lima. Su faceta como docente la alterna con sus proyectos personales de Periodismo de Investigación. Si hay algo que considera esencial en su vida son las ganas de reportear en la calle aunque tiene otras responsabilidades que priorizar por el momento.

Estamos, en un primer encuentro, a algunos minutos de que comience la reunión diaria para ver cómo se va a plantear el noticiero de la noche. Carlos me da unos minutos en su exoficina, un pequeño cuarto de no más de 3 metros cuadrados que está al costado de las oficinas de Juan Subauste, subdirector de 90 Central, y de Tito Alvites, director de 90 en los fines de semana en aquel entonces –hoy por hoy la redacción de 90 se ha reestructurado-, en la que tiene un escritorio, una mesa con una ruma de periódicos y revistas, y cuatro pantallas de televisión al costado de la puerta donde RPP TV y Canal N están siempre en sintonía.

Frente a su escritorio están las computadoras donde los 12 reporteros que alimentan 90 escriben sus notas. “Dame la pepa, todo pepa, pepa, pepa, como una papaya” alguna vez le escuché decirle a una reportera cuando anunciaron a los mejores trabajos periodísticos del año. Carlos tiene el corte de pelo tipo hongo y siempre luce una barba de apenas unos centímetros. Sus ojos pequeños y su mirada, que por momentos pareciera ser esquiva ante las preguntas, perfilan al periodista que alguna vez quiso estudiar Derecho pero prefirió llevar una maestría en Comunicación Política en México, donde vivió más de media década. Volvió al Perú para una nueva faceta. Ya había sido practicante, reportero y productor periodístico y regresó como director, puesto del cual dice que no es tan distinto a los demás, sólo tiene otras responsabilidades. Ha trabajado en  todos los canales de señal abierta menos en canal 4 y canal 7. Le ofrecieron un trabajo tentador con un partido político en México pero lo rechazó para ser periodista las 24 horas del día y los 365 días del año.

El octavo de nueve hermanos comenzó a hacer periodismo en 1990. Aunque primero estudió Derecho por algunos meses en la universidad San Marcos, lo dejó para irse a estudiar Comunicaciones en la Universidad San Martín de Porres. Tenía 20 años cuando Julio Estremadoyro, periodista y mentor de muchos colegas como Mónica Delta, lo llevó al canal 13 para que practicara. En una familia con bastantes abogados él quiso ser distinto. De niño consumía cuentos y se enganchó con Gabriel García Márquez. Siempre pensó que el periodismo era eso: contar historias de una manera ambiciosa.

 

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“Lo mío siempre fue el periodismo, desde el colegio. Quizá lo que me marcó desde los años 80 fue que ya había terrorismo y yo me informaba desde tempranito con Radio Programas del Perú. Nos levantábamos temprano y mi mamá escuchaba RPP, entonces nos informábamos toditos mientras tomábamos desayuno. Me parecía interesante estar informando desde el lugar de los hechos. Ahí nació mi vocación. Siempre me ha gustado contar historias. Mi papá nos incentivaba a la lectura. Nací el 69, terminé el colegio en el 86, un colegio de curas, Salesiano, en Huancayo. Mi experiencia fue muy traumática, vine a postular a la universidad, mis hermanos ya estudiaban acá en universidades privadas. Mi papá se sacrificaba un montón. Ingresé a la San Marcos pero me retiré. Los senderistas tomaban abiertamente los salones y estaban con su discurso de estado caduco y el imperialismo. No se podían hacer clases y eso ayudó un poco a direccionar mi vocación. Mis hermanas estaban terminando en la Católica y en la de Lima, y a mí me tocó estudiar en la San Martín porque era la particular más barata. Me encontré con profesores que trabajaban en medios y desde el 4to ciclo me invitaron a practicar”.

¿Te acuerdas dónde comenzaste?

En canal 13, Global. En ese momento el noticiero lo dirigía Julio Estremadoyro, que llegó a ser mi profesor y ya había trabajado en el canal 5. Me llevó al canal y yo empecé como “a mi  generación le tocó una etapa violenta, un país en la ruina” todos, como practicante hasta que un día faltó un reportero. Me acuerdo clarísimo, mi primera comisión fue un explosivo que había colocado el MRTA en un KFC en la avenida Arequipa, el primero que se abrió en Lima y que ya no existe. Cuando yo llegué, a una cuadra de la explosión, lo primero que me impresionó fue ver un árbol y un pedazo de pierna colgado que pertenecía a uno de los vigilantes del local. Tenía 20 años. Me tocó cubrir cosas del terrorismo fuertes también. Yo cubrí Tarata. Fue una experiencia dura.

Cuando viste lo de la pierna, ¿no pensaste en claudicar?

No, para nada. Lo que siempre he tenido es la vocación.

¿Cuál fue tu reacción?

Es una impresión fuerte pero tienes que entender que tu misión es contar y decirle al público ‘esto es lo que está pasando’. Tienes que sobreponer tus sentimientos naturales e impresiones de ser humano y tener la serenidad para contarlo.

Hay gente que estudia medicina y al ver sangre se retiran.

Yo nunca podría haber estudiado medicina porque yo no puedo ver sangre. Me repele. Como periodista he visto mucho eso pero me tengo que sobreponer. Alguna vez leí una cita de un periodista estadounidense que decía: En un incendio, la función del bombero es ir y apagarlo, la del periodista es más compleja. Porque tienen que ir y explicarles a todos los demás por qué hubo el incendio y qué significa el incendio para la sociedad. Nosotros vamos a buscar la verdad periodística y muchas veces trabajamos con la memoria de los testigos o protagonistas. Muy pocas veces somos testigos de las noticias. Nuestra chamba está en ser observadores, cuidadosos, fidedignos. Dar el contexto a la gente y algunas claves para que entiendan qué significa esta historia en sus vidas. Somos intermediarios entre la noticia y la gente.

Paredes

El libro que publicó sobre Ketin Vidal produjo que el ex ministro del interior lo demandara por difamación. Paredes ganó. Foto: Giovani Alarcón.

 

¿Qué te acuerdas de Tarata?

Fue terrible aunque ya estábamos algo acostumbrados a los coches bomba. Ya tenía 2 años de periodista y me tocó el punto más álgido de Sendero en su guerra contra la sociedad. Me acuerdo de un paro armado cuando incineraron a un chofer de combi en la avenida Canadá y lo vi petrificado. He cubierto paros armados en la entrada a Lima por la carretera central. Fui a San Marcos cuando Fujimori pintó las paredes para retar a Sendero. Fui a la selva central para la disputa a balazos entre Sendero y las Fuerzas Armadas por el río Perené. Me tocó cubrir la captura de Abimael y algunos detalles del trabajo del GEIN. Ahí conocí a mucha gente relacionada a la DINCOTE. A todos los de mi generación nos tocó una etapa violenta, muy dura, un país en la ruina. Recuerda cómo nos dejó García. Un país quebrado, con hiperinflación, la tercera más grande de toda la humanidad. En los cinco años de su gobierno hubo 2 millones por ciento de inflación. El Sol se cambió a Inti y se movieron tres ceros. Seis ceros a la derecha se devaluó la moneda peruana. A eso le sumas la violencia. Era increíble. Hubo epidemia de cólera en el 91. Una enfermedad propia del siglo 18 y en el Perú se daba por pobreza, por insalubridad. La escuela para los de mi generación fue dura.

¿Alguna vez tu vida corrió riesgo?

No me gusta dramatizar con ese tema. Lo he vivido en México varias veces, acá algunas. El periodismo es una profesión de riesgo y no porque trabajes como corresponsal en zonas de guerra o en las ciudades de México donde el narcotráfico es fuerte o ir a cubrir la selva central en la época del terrorismo, que era casi un suicidio. Sí me tocó dos veces. Una con el camarógrafo Hernán Valencia. Nos mandaron a Puno para cubrir la toma de un pueblo. Dormimos en el pueblo vecino y llegó Sendero. Nos escondimos y felizmente no nos vieron. En ese momento Sendero ya tenía conflictos con la prensa. Habían matado a un periodista gringo en el Huallaga. Fue una noche de mucho miedo. Luego, aquí en Lima, cuando me he metido a investigar cosas de narcotráfico y corrupción, cuando trabajábamos en Contrapunto en la época de Montesinos. Te llaman, te amedrentan. Una vez me llamaron y me dijeron el nombre completo de mi hija, que estaba chiquita, el nombre de su profesora, en qué nido estaba. Pasa, pero eso no significa que somos héroes. Todas las profesiones tienen peligro. El taxista que sale en la madrugada está en riesgo que lo asalten y lo maten. El periodismo, a veces, es de alto peligro y uno tiene que aprender a saber conducirse. No estamos para jugar a los héroes ni podemos ser negligentes ni provocadores.

Tienes 25 años al periodismo, ¿por qué regresaste a estudiar derecho?

Yo regresé al derecho y no lo terminé porque no me interesaba. Fue por el año 2000. Yo me metí mucho en temas de corrupción y narcotráfico y todos esos temas terminaron judicializados, en una acusación fiscal o en un proceso penal. Decidí estudiar Derecho Penal para entender qué significan ciertos tecnicismos de los abogados. Casi lo termino pero después fue imposible. Era productor de Panorama y por tiempo lo dejé. Tuve profesores como (César) San Martín o (José) Ugaz. Entendí muchas cosas de Derecho Penal. Los reporteros tenemos que saber cosas de los procesos judiciales. Tenemos que conocer y distinguir cosas. Lo hice como un complemento como formación de periodismo.

¿Tus papás?

Ellos viven en Huancayo. Yo salí a los 16 años y no he vuelto. Ellos han venido y vienen regularmente pero están allá con mayor tranquilidad. Mi papá ya frisa los 80 años.

 

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“Los periodistas hacemos un trabajo intelectual en tanto intentamos entender la sociedad. Mi inquietud es producir cosas propias. Nunca se me ha pasado por la cabeza no ser periodista”.

Carlos trabajó en el noticiero del canal13, luego en un programa de investigación que salía los sábados que se llamaba Réplica. Pasó a Panorama bajo la dirección de Umberto Jara, luego al Contrapunto de Luis Iberico del cual renunció cuando entraron los hermanos Winter y se fue al 9 con un programa que se llamó Sin Censura con Cecilia Valenzuela y Gonzalo Quijandría. Renunció cuando se dio cuenta, según me dice, que vendieron la línea editorial y regresó a Panorama con Eduardo Guzmán como productor. Después regresó a Canal 2 en el 2003 como productor periodístico de Reporte Semanal. Ivcher llamó al grupo de renunciantes de Panorama luego del ingreso de Genaro Delgado Parker. En el 2006 se ganó una beca y, estando un poco harto del trabajo en Perú, se fue a México a estudiar.

Estamos en Miraflores. Tiene el último piso de un moderno edificio. Su casa es amplia y tiene una oficina personal envidiable. Un pequeño escritorio donde está una laptop de la marca de la manzana y tres paredes atiborradas de libros. La mayoría vinculados al periodismo. Su biblioteca personal es deliciosa y está tan pulcra que el mismo ambiente invita a que uno se quede hojeando las obras que más le interesan. Son esos estantes los que albergan algunos libros que luego vuelca en sus clases en la Universidad de Lima para enseñarlos y hasta prestarlos. Alguna vez lo hizo con una alumna que nunca se lo devolvió pero igual sigue confiando en los jóvenes y bisoños colegas.

Para Carlos hay algunos temas que mejorar en el noticiero. Uno es sobre cómo construir audiencia y para eso defiende la inamovilidad de los horarios, pese a que entiende los cambios. Aunque existen algunas excepciones, da como ejemplo al canal 4, el cual, a pesar de sus cambios repentinos en algunos casos, mantiene su parrilla consistente.

Tenía 25 años y me cuenta que a esa edad no hizo la nota sobre la primera declaración jurada de las cuentas de Montesinos de la SUNAT. Su fuente era testigo de su primer matrimonio. No lo quiso involucrar. Cecilia Larrabure, su esposa y reconocida fotógrafa, no se encuentra. Tampoco están sus hijas. Llama a la empleada quien recoge la leche en botella que le traen a la puerta de su casa. Estamos en su sala, al costado de un balcón por el cual entra una luz tenue que perfora las nubes encima de nuestra ciudad.

Noemí. Me traes dos cafecitos chiquitos, cargados. ¿Tú tomas cargado?

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Vamos a lo nuestro, maestro.

¿Cuándo pasas del día a día a ser reportero de investigación?

Lo que te da el diarismo, los hot news, es el oficio del periodista. Primero sirve para hacer contactos y cultivar las fuentes, luego desarrollas tu olfato periodístico. Qué historia va más allá, qué hay detrás de una verdad oficial, que normalmente es una media verdad, qué esconde un funcionario público o qué historia relevante hay detrás de una historia nimia. Siempre me ha gustado la investigación y siempre he sido escéptico. Piensa mal y triunfarás. La duda sistemática como forma profesional de trabajo.

Hay reporteros que les gusta el diario y nada más…

En la tradición anglosajona, que es la mejor que yo conozco, los grandes periodistas son los que tienen más de 25 años en la calle. Son los más respetados y los que ganan mejor. En el Perú tenemos el síndrome del editor prematuro y, en la televisión, reportero con programa propio. Reporteros que tienen 10 años y ya quieren su programa propio. La generación que le sigue a la mía se ha perdido. Ahí están Fernando Díaz, Maribel Toledo, Andrea Llosa, Pámela Vértiz, Melissa Peschiera, Martín Riepl, Marco Sifuentes, René Gastelumendi, Mávila Huertas…

Pero René está en Cuarto Poder.

Sí, pero quieren ser anchors. La televisión, como es de alto impacto público, a veces marea a las personas. La naturaleza humana es así, no hay que cuestionarlos tampoco. Cuando empiezan a ser famosos o la gente los empieza a reconocer, prefieren ese trabajo que me parece menos periodístico que seguir en la calle. Tú ves la televisión gringa y ves a reporteros con 20 o 30 años y siguen en el suyo, y son los mejores. Lo mismo pasa en la prensa escrita. Tienen 10 años y ya quieren ser editor. El editor es menos periodístico para mí porque el periodismo está en la calle.

Hay personajes que tienen mucha trascendencia social como Barbara Walters en su momento o el conductor de 60 segundos… Incluso Larry King

Oriana Fallaci, Oprah, hay muchos íconos…

De repente por ahí saben que pueden tener más impacto en las personas, los periodistas también buscan eso

Hay especialidades, una nada desdeñable es la entrevista. Los buenos entrevistadores han marcado huella. De los que has mencionado, su especialidad es la entrevista. Es respetable. Acá, César Hildebrandt, un tipo agudo, culto. Pero lo que nos falta es la especialidad de la investigación. En New York Times hay 20 periodistas senior que tienen más de 30 años haciendo investigación periodística en la calle. Son el soporte de un diario importante y son los que hacen investigación propia, los que ponen agenda y los que destapan y revelan grandes primicias. Una entrevista puede ser una primicia pero no deja de ser una conversación y la versión de alguien. El periodismo de investigación, para mí, tiene una tarea más completa porque cuenta una historia redonda.

Carlos Paredes segura que más allá de hablar de una dictadura, debido a la llamada ‘TV Basura’, los televidentes deberían decidir mejor qué ver y qué no.

Carlos Paredes asegura que los televidentes deberían decidir mejor qué ver y qué no. Foto: Giovani Alarcón.

 

Es un idealismo, no es el caso de Perú. Hablando del Times o del New Yorker, tienen equipos de confirmación de datos cosa que acá ni siquiera se imagina. Acá, en los programas televisivos, muchas veces se muestra solo una versión y se pone el video de estar llamando sin contestar. No es el mismo peso…

En Perú hay ejemplos interesantes del periodismo de investigación. Edmundo Cruz llegó viejo y ha hecho grandes destapes y sigue trabajando en la calle. Ángel Páez tiene 25 años haciendo investigación y es sistemático, ordenado y consecuente. Siempre en la calle. Uceda, ha sido director de un semanario, jefe de la Unidad de Investigación en El Comercio, ha hecho metaperiodismo en Ipys y ha regresado a hacer ‘cancha’. Con dinero de afuera sigue haciendo periodismo de investigación. Gorriti es un caso emblemático. Entró a Caretas, una escuela de periodismo latinoamericano, y hasta ahora sigue siendo reportero de campo. Va al lugar y escribe la historia. Ha tenido varias facetas pero no ha renunciado a la esencia: la reportería que es indagar, buscar. La entrevista es importante y es igual de reveladora. Puede ser primicia mundial, sí. Es un pilar, pero el otro, que para mí es más adrenalínico, riesgoso, y requiere de más esfuerzo y compromiso, es la investigación y pocos están dispuestos a eso porque es más difícil. No da tanto rédito en reconocimiento o como figura pública. ¿Quién conoce a Edmundo Cruz si no son los periodistas y políticos? ¿Quién conoce a Páez o a Miguel Ramírez? ¿A Uceda? A Gorriti quizás un poco más por su papel político con Toledo. El periodismo, por ser de alta exposición pública, tiende a que sus protagonistas se erijan como figuras públicas y luego como líderes de opinión. Algunos terminan en la farándula. Son distorsiones que no ayudan a que el periodismo siga mejorando. Es lo que yo pienso, no es la verdad.

Como director, ¿cómo ves en el canal esa investigación que hace falta? En los reportajes de investigación, a veces, se podría hacer un poquito más

Estamos viviendo un modelo de ebullición. El modelo periodístico de hace 15 años ya colapsó. Internet ha movido todo. La tecnología y las redes sociales han quitado a la prensa el poder de intermediación entre la noticia y la gente. Producto de esta ebullición es que los académicos dicen que estamos sobrenotificados pero subinformados. El tweet es un mecanismo de información cuando debería ser uno de notificación. Hay intermediarios nuevos que creen que son periodistas pero son administradores del insumo básico de la información. Los periodistas profesionales tenemos otra función. Tenemos que recolectar la data de diversas fuentes, como las redes sociales, entender esa información, darle contexto, sistematizarla, ordenarla y jerarquizarla para suministrarle a la gente. Ese trabajo es profesional, con criterios técnicos y éticos. Ahora o se está dejando nada para el fin de semana. El reto para esos programas es buscar otras miradas sobre un mismo hecho. Aristas que pueden ser más importantes y no necesariamente tan coyunturales. Hay una carencia de investigación pero que no solo corresponde a los periodistas o a su formación. El mismo sistema hace que se invierta menos en investigación. Los medios quieren reducir costos porque el mercado esta fuerte y la publicidad esta colapsando. Los periódicos están con el dilema que van a desaparecer. Internet se está llevando esa publicidad y la torta no crece al mismo ritmo que los medios. Hay una serie de factores que hacen que los periodistas cada vez estemos menos entrenados y entendamos menos lo que pasa. No estamos entendiendo las necesidades informativas de la gente. La audiencia no es pasiva. No está esperando que empiece el noticiero. Ellos interactúan y quieren colocar sus necesidades en la agenda informativa. Los medios tenemos que reconocer y tener una comunicación más fluida con la gente. En esa vorágine de la información diaria, no estamos tomándonos un tiempo para ver cómo estamos haciendo nuestra chamba. ¿Estamos a la altura de las necesidades? ¿Qué nos falta? ¿Qué hacemos mal? Hay temas como el infoentretenimiento, la banalización de la información, los informativos se vuelven cada vez más entretenimiento y este va sustituyendo la información. A ustedes, que están empezando a hacer periodismo ahora, les ha tocado una transición en la que los dogmas de los que tenemos más años no nos permiten tener las cosas claras.

Eres consciente de las carencias en cuanto a la calidad pero también eres consciente que no entiendes el cambio. ¿Cómo lo manejas?

Con estas reflexiones estamos intentando cambiar el status quo. Los que hacemos televisión cargamos el estigma de que somos televisión basura, que solo damos crímenes, asaltos choques… sus historias han sido publicadas por las revistas gatopardo, soho, the clinic y emeequis.

O ‘declaracionitis’…

O que cualquier político o líder de opinión que diga cualquier cojudez se convierta en noticia. Una  declaración debe ser un insumo de varios para hacer una historia. Primero queremos hacer notas chicas con varias voces tengan una explicación y un contexto. Estamos generando secciones pequeñas que den el otro lado de la realidad porque no todo es crímenes o accidentes. No voy a usar la palabra buena. Periodísticamente todas las noticias tienen un rasgo de dramatismo, de insospechado, de irreal, de increíble para creer. Pero sí hay historias que dicen algo de un país. El Peruano del Día es un reto que asumimos todos los días con una historia que valga la pena contar. Hacemos notas especiales que intenten explicar el día a día de la gente. Es cierto que nos falta muchísimo en ir a temas que afectan a la gente como la educación o la salud. El reto es encontrar una historia que sea suficientemente potente para llamar la atención sobre esas variables en la sociedad para visibilizar y hacer que las autoridades trabajen en eso.

¿Por qué ser director del diario?

Es una faceta a la que regreso (por lo de diario) y creo que es importante para mostrar información oportuna y veraz para las decisiones del día a día. Nunca había dirigido un noticiero. He aprendido muchísimo y también era un reto estar al mando de 60 a 80 periodistas. No es fácil porque la televisión abierta tiene sus propios cánones y apremios. No creo que la prensa diaria sea menos que el periodismo de investigación. Cuando se hace teoría en la universidad ¿cuál es la diferencia? En la profundidad, el tiempo y el espacio. El diario es como informal, sin un mínimo de análisis, sin profundidad. Yo diría, en contrapartida, que el periodismo de investigación tiene mucho tiempo y el diario tiene un ‘deadline’. Tienes que cumplir sí o sí, si no, no existe. Hay grandes diarios en el mundo que día a día forjan historias como grandes revistas que, cada cierto tiempo, saca grandes historias. La decisión la tomé con entusiasmo pero yo sigo con investigación. Tengo proyectos personales y cuando me apasiona un tema me meto. En los últimos tres años he publicado cuatro o  cinco crónicas o perfiles publicados, algunos para afuera, como un trabajo paralelo. La televisión abierta también me gusta porque transmito mi experiencia, mi know how, a las nuevas generaciones. Tengo una vocación de docencia. Siempre me ha gustado enseñar y he dado clases en la universidad. Eso lo vuelco en una redacción y trato que los chicos nuevos se lleven dos o tres cosas que les van a servir. Cosas que aprendí de alguien o de la experiencia que a punta de hierro aprendí.

¿Cuándo empezaste?

Entré en enero del 2012

Has tenido muchas facetas, ¿con cuál te quedas?

No son excluyentes. En su momento son retos. Si quieres encasillar y elegir solo una te diría que la esencia del periodismo está en la callMe quedaría como reportero de investigación. Me gustaría regresar. Lamentablemente el sistema hace que cuando llegas a director tienes un sueldo y si quieres ser reportero, este se disminuye considerablemente. Cuando tienes familia, compromisos económicos y otros, no te puedes dar el lujo de tener un sueldo de reportero. Eso no funciona bien. Se desperdicia la experiencia de algunos porque tienen que tener otros cargos para tener un sueldo decente. Eso está mal y en otras realidades eso no es así. Por eso sigo por mi cuenta como freelance, como algo paralelo a mi trabajo como director aunque solo algunos fines de semana al mes. Me gustaría regresar pero con otro sueldo no podría mantener a mis dos hijas.

Algunos piensan que en los diarios escritos hay mayor profundización y menos ligereza en la noticia

En algunos casos sí. La República tiene una unidad de investigación que no está en el día a día sino buscando temas para profundizar…

Ángel Páez o Doris Aguirre sacan no diario pero…

Uno cada quince días

Yo diría que casi interdiario…

Quizás pero son notas de periodismo interpretativo, de contexto, que con su background pueden escribir fácilmente. Pero una historia profunda, reveladora, que tenga los elementos de periodismo de investigación… yo diría que si publican una o dos historias al año, es bastante. Ellos hacen un periodismo de análisis o de filtración y lo convierten en una buena nota periodística. Lo que hace Carlos Castro en América es conseguir un dato. No es periodismo de investigación en términos teóricos. En estos medios sí pueden conseguir primicias por indagaciones previas o por filtración porque trabajaban en una Unidad de Investigación y siguen siendo interesantes y primicias.

Los medios en el Perú sacan una o dos veces al año cuestiones que son de interés público, que sean propias y que revelen algo.

En ninguna parte del mundo se produce cada semana una nota de investigación en los cánones que hablamos. El New York Times publica 5 o 6 notas así al año. Y son muy potentes. Lo demás son de contexto, de interpretación, de filtración. No es que sea menos solo que es otro periodismo. No hay que confundirlo con investigación periodística. Gabo decía que decir periodismo de investigación es una redundancia porque decía que todo periodismo tiene que ser investigativo. Es un poco petulante pero discrepo con Gabo. Una cosa es decir periodismo de investigación y otra cosa es investigación periodística. Parece un juego de palabras pero lo último es el rigor diario que uno tiene que hacer en cualquier nota. Eso es contrastar, no elevar la calidad de la información si es un chisme o un trascendido. Investigación periodística es hacer un trabajo profesional. Periodismo de Investigación es una especialidad de esa profesión. Tiene su propia lógica, know how, sus propias ambiciones. Para mí, en términos profesionales, es el más difícil, el más costoso y el que te trae mayores problemas como periodista como denuncias, amenazas… porque te conviertes en una piedra en el poder. Quizá esos conceptos no estén tan claros para los periodistas.

Tú haces esa diferencia. Para investigar muchas veces la información no es que tú la generes…

Sí, te filtran. Pero ese es el inicio de una investigación periodística, no el final. Un ejemplo, la fiscalía te filtra el video del allanamiento al local de juez justo de la mafia Orellana y sale una relación de policías metidos en la mafia. El 4 la publicó tal cual. Eso es periodismo de filtración. Porque te han dado el video, entrevistaste a algunos y punto. Periodismo de investigación hubiera sido si, con esa lista, hubieras cruzado información uno por uno. A ver, qué investigaciones han hecho estos policías de la mafia de Orellana y en qué concluyeron. De esa lista, La República sacó que había como cinco policías que desmentían eso y decían que iban a denunciar a Orellana y al periodista que sacó eso. Periodismo de Investigación era agotar todo eso y de esa lista sacar conclusiones. Esto es paja y esto es trigo. Lo otro es periodismo de filtración. Es una primicia pero hay que ir con más recaudo. Una lista no es la sacrosanta relación a la cual creerle. Que puede haber gente involucrada sí, pero también gente que no. Ese es el riesgo del periodismo de filtración. Dependes de una fuente y esta puede estar interesada en otras cosas menos en la verdad.

Ese tipo de periodismo es una corriente en el Perú. ¿Dónde podrías encontrar una isla que esté excluyéndose y sea de verdad Periodismo de Investigación?

Uno de ellos es Gorriti. Pero ese periodismo no es de todas las semanas. Es un trabajo serio y produce uno o dos piezas al año. Su formato natural es el libro. Porque ni siquiera los medios tienen el espacio adecuado para contar todos los detalles. En la televisión sería un documental. Es un formato no de moneda corriente como para que todos los días tengas un titular. Sí hay buenos investigadores en el Perú. Páez es un tipo consecuente al cual yo respeto y admiro profesionalmente. Edmundo Cruz, Liz Mineo, que se fue a Estados Unidos. Hay gente que conoce el oficio como Carlos Castro, Orazio Potestá… (Se quedá pensando varios segundos) Alguno que otro más. Uceda también. Hay embusteros, dateros y que se hacen pasar por periodistas de investigación y no entienden ni un carajo los datos que tienen pero son mediáticos. Hildebrandt es de análisis, un tipo culto, escribe muy bien, me gusta su ironía y picardía. A veces su valentía para enfrentar a ciertos personajes. Pero no es un periodista probo, que hay que imitar. (Es) un tipo oscuro, metálico, extorsionador. Es lo que yo pienso y tengo fundadas razones para hacerlo. Pero en fin, hay de todo.

Te has dedicado mucho a la investigación…

Más o menos. Tampoco es que lo haga todo el tiempo. Me gusta la investigación. Yo diría que si tengo una especialidad es la investigación. Me gusta mucho indagar y la aventura de conseguir algo de la nada. Mi cerebro está ordenado para poner rompecabezas y decir por acá voy, por acá puedo encontrar una novedad… Pero ahora trato de combinar para vivir mejor. Cuando fui a México me fue mejor. Estudié, hice una maestría que aquí no podía hacer. Trabajé como freelance e hice investigación periodística en deportes, algo que nunca había hecho. Hice piezas para ESPN, escribí para revistas en Latinoamérica. Hice hasta investigación periodística del caso Cantinflas. Puta madre, cómo se estaban peleando la herencia. El hijo adoptivo con uno de los sobrinos… Me he metido en el narcotráfico a hacer crónicas. No hice investigación ahí porque no tenía los elementos. Sería un embustero si lo hubiese hecho. Pero sí he hecho perfiles. Viajé mucho por el país así como a Centroamérica para medios mexicanos. He apoyado con mis pares en México, que ahora revolucionan allá. La academia también es interesante porque los periodistas siempre nos miramos al ombligo. Siempre es bueno mirarnos desde la academia y retroalimentarnos mutuamente. Eso hace la academia, tener una retrospectiva de tu mismo trabajo.

Carlos Paredes

Carlos Paredes vivió en méxico durante cinco años y colaboró con los diarios el universal y reforma de México. Foto: Giovani Alarcón.

 

Has sido reportero de investigación tanto en escrito y televisivo pero en lo primero conseguiste tus mayores logros. Fuiste finalista del premio Seix Barral con lo de Pinchi Pinchi y ganaste el premio anual de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, ¿por qué no dedicarte a lo que mayores réditos profesionales te ha dado? O ¿es un tema económico?

Uno no hace su trabajo para ganarse premios. El que piense así nunca se va a ganar un premio, te lo aseguro. Sí tengo logros en lo escrito y en televisión nada. Eso ha tenido que ver porque pienso en televisión y he ido madurando en eso. Tuve un punto de inflexión cuando me encontré con la gente de Etiqueta Negra en el 2005 que me hicieron ver el periodismo desde otra perspectiva. Desde mi punto de vista, más profundo e interesante. ‘Toño’ Angulo y Julio Villanueva me cambiaron el chip. El lenguaje de televisión es muy fugaz. Para contar todo lo que yo digo en el libro habría tenido que hacer un documental de hora y media por lo menos. Es más difícil hacerlo. ¿Por qué no dedicarme a la prensa escrita? Tiene que ver, como decía Vargas Llosa, con tu trabajo alimenticio. El sistema está hecho para que la televisión te pague más y, a veces, por hacer cosas menos importantes. Cuando tienes responsabilidades tienes que saber de qué vas a vivir. Si quieres que sea absolutamente honesto yo sigo trabajando en la televisión porque me da cierta estabilidad económica aunque no abandono mis proyectos en la prensa escrita. Si yo pudiera tener un trabajo decente y bien remunerado y pueda dedicarme a la prensa escrita, lo haría por un buen tiempo porque me gusta más. Lo siento menos fugaz. No porque la televisión sea mala, sino porque la naturaleza intrínseca de esta es la fugacidad.

En el 2006 le estrechaste la mano a García Márquez, ¿qué significó eso para ti?

Fue un hecho importante en mi carrera. Cuando hice la historia para Etiqueta Negra, todo ese cambio de mentalidad que hicieron posible en mí como periodista, me ayudó mucho en el futuro. Un periodista escribe historias porque se siente en el deber de hacerlo. Yo ingresé al círculo de periodistas latinoamericanos con cierto reconocimiento ganando ese premio. Cuando fui a México me sirvió muchísimo. Ese cartel estelar, con eso me abrieron puertas en universidades para dar clases, me invitaron a congresos, he participado en seminarios, he ingresado a círculos de estudio de periodismo, me han invitado a series de eventos de Periodismo de Investigación en Latinoamérica. Hasta ahora participo activamente en la FNPI. Me invitaron a una mesa en Washington para hablar sobre cómo cubrimos política y economía en Latinoamérica y cómo deberíamos cambiar en estos tiempos de ebullición. Mi viaje a México fue muy enriquecedor. He conocido otra realidad y he visto en perspectiva al Perú, lo que a veces hace falta. He visto otras experiencias y he aprendido de lo bueno y lo malo de otras realidades. Sigo aprendiendo, me sigo equivocando y trato de mejorar lo malo desde lo profesional.

¿Te acuerdas de esos instantes previos antes de subir al estrado?

La ceremonia fue amena pero el día anterior cenamos con Gabriel García Márquez. Estaba el ganador de fotografía, su esposa, yo, mi mujer, García Márquez, su esposa, el dueño de Cemex, Lorenzo Zambrano, y su hermana, porque él era soltero. Ocho personas en una mesa cenando cuatro o cinco horas con García Márquez, tomando vino y cagándonos de la risa. Fue espectacular. Ha sido la mejor experiencia que he tenido. Además, Gabo estaba a mi costado y yo le preguntaba muchas cosas y hablábamos de Colombia, me hablaba de sus libros y yo le preguntaba dudas. Ha sido la mejor conversación que he tenido en mi vida. Le preguntaba por sus novelas y me contaba cómo había sido la idea original y cómo la había cambiado, cuánto se demoró haciendo eso. Cosas que nadie te va a contar si no el autor. Fue una experiencia maravillosa. Después empezamos a hablar de política y de Vargas Llosa no quiso hablar (sonríe). Me dijo que era el innombrable. De ahí, de narcotráfico… hasta de Cuba hablamos.

¿Cómo lo sentiste? ¿Cómo era él?

Era un tipo súper rápido. Con un sentido del humor y la ironía a flor de piel. Se cagaba de risa de todo y todo lo decía en doble sentido pero también con un nivel de análisis del mundo y de Latinoamérica interesantísimo. En un momento hablamos sobre Cuba y me dijo “A mí me achacan que soy el lameculos de los Castro pero esos pobres infelices no saben todo lo que yo hago en la sombra para mejorar la situación de muchos periodistas y gente cubana. Y eso no lo enrostro a nadie porque prefiero hacerlo de manera anónima porque esa es mi convicción. Con los Castro tengo muchas coincidencias políticas pero también tengo muchas discrepancias en las formas. Lo bueno es que me escuchan a mí y, a veces, hacen caso a las recomendaciones que les doy y a los pedidos que les solicito”. Me pareció una declaración tan auténtica que empecé a entender algunas cosas que había leído. Fue la mejor experiencia que he tenido en mi vida, cenar con Gabo algunas horas.

¿Gabo era alegre, hablador, como una persona con ganas de vivir? ¿Cómo lo describirías?

Como un Caribe. Con un sentido del humor a flor de piel. Con un nivel de análisis de la realidad muy agudo y con un nivel de conocimiento vasto. Él es un contador de historias, las cosas que te las contaba lo hacía de una manera tan divertida y pedagógica, que parecía un cuento. Más era para escucharlo que para hablar. Porque frente a García Márquez, qué podrías estar hablando tú si lo más rico es escucharlo. Yo prefería dejarlo hablar porque todo lo que decía era interesante. Lo describo como un tipo lúcido, conocedor de la vida misma y con mucha experiencia. Carlos, junto al inconfundible Gabo, tras ganar el premio CEMEX-FNPI en el 2006. Facebook: Carlos Paredes.

¿Qué lección aprendiste de él como persona?

Si me pides que saque una lección es la pasión por lo que hace. Era un apasionado de contar historias. Lo hizo bien a través de sus libros y sus guiones de cine, porque fue un hacedor de muchas películas. Lo hizo como periodista. La pasión que él tenía por las historias se notaba al instante porque cada cosa que te contaba lo hacía con una autoridad y conocimiento pleno que solo lo tiene alguien que está apasionado por algo y que se mete en el tema hasta ser el gran experto. García Márquez es un hombre que nació para contar historias. Lo hizo toda su vida y lo hizo bien porque lo hizo con pasión.

¿Cómo es un buen reportero de investigación?

Para empezar, tiene que ser curioso. Un inconforme permanente. Un preguntón hasta la saciedad. Alguien que practique sistemáticamente el escepticismo. No creerle a nadie. Hay un argentino que se llama Daniel Santoro y hace investigación periodística. Tiene un manual de Periodismo de Investigación y cuenta como anécdota que el periodista de investigación tiene que ser tan escéptico que cuando su mamá le diga ‘Hijo, te quiero’, le tiene que responder ‘Demuéstramelo’. Alguien que esté dispuesto a tener mucha paciencia y a trabajar mucho para conseguir un objetivo, una revelación. Siempre en el sentido que uno trabaja no para uno mismo sino para la gente. Tiene que ser un tipo ordenado. Que sistematice su información y no la pierda. Que empiece a ordenar los rompecabezas porque al final del día tiene que juntar una figura con piezas inconexas.

¿Qué prácticas debería tener este reportero?

Tiene que leer mucho. Tiene que leer las grandes investigaciones periodísticas a través de  la historia reciente para ver por dónde van los tiros, cómo hicieron la gente que le antecede y cómo lograron sus metas. Tiene que tener bien claro en qué rubros va a meterse y qué historias va a contar. Tiene que estar dispuesto a pasar muchas horas de su vida analizando y buscando información, y cultivando sus fuentes porque la información no cae del cielo. Eso no es hacerse compadre de un fiscal o de un policía sino generar una relación de respeto mutuo con cierta lógica y ética. Y que te respeten. El día que sepan que eres un periodista serio, ese día dirán que cuentan contigo y con otros no. No hay recetas para hacer periodismo en general. Lo que hay es experiencias y algunos tips personales. El periodismo es una manera de ver la vida, y como tal, es tan subjetivo como autores hay. Ese es mi punto de vista. Quizá para gente más experimentada o con mayores cualidades te digan otras cosas.

¿Te acuerdas cómo eran tus primeros casos?

Mis primeros casos eran policiales. Luego hice grandes casos judiciales. El caso Vidal, por ejemplo, tenía un fuerte componente judicial. Me interesan también los casos sociales, realidades que cruzan a la sociedad como la pobreza. En México hice varios casos de sociedad o enfermedades también.

Cuando eras productor, ¿Cómo lo tomaste tú?

Tenías que supervisar el trabajo de los reporteros y con mi experiencia podía orientar el trabajo de tus colegas más jóvenes. Tenía que ver el contenido de los reportajes. Proponer temas y cuidar la calidad. Fue interesante. Uno no estudia para ser eso, a veces pasas de la noche a la mañana a serlo. El tema está en que algunos quieren serlo rápidamente. Es un juego de conocimientos, de know how.

¿Qué has aprendido siendo director? Muchas cosas. Aprendes el manejo de gente, de asumir responsabilidades, de dirigir y comandar un equipo. De asumir lo que está pasando o no en tu noticiero. Te das cuenta de los errores y empiezas a sistematizarlos para no cometerlos de nuevo. Transmites experiencia para que los más jóvenes tengan las cosas más claras.

¿Cometiste muchos errores cuando comenzaste?

No mucho porque tenía al lado a Juan (Subauste) que ya había hecho ese trabajo de productor y de hacer noticieros que había hecho dos años antes que yo y tenía ese know how específico del canal. Pero es una faceta del periodismo, no es tan distinta a lo demás. Solo está la responsabilidad de conducir un producto y un equipo de gente. Y lidiar con las esferas de arriba y abajo, estas como el sándwich. Más aprendes de gestión. Aprendes a lidiar con el poder de arriba y abajo. Empiezas a dosificar tu autoridad y dar órdenes adecuadamente.

¿Has tenido conflictos?

Ahora no. He defendido puntos de vista con los gerentes. He discrepado con algunas medidas y hemos llegado a términos medios. A veces he estado equivocado y a veces he logrado convencerlos.

¿Te han censurado?

Sí, he renunciado cuatro veces. Una vez en Panorama, me censuraron un informe de Laura Bozzo y renuncié.

¿Te dijeron por qué?

Por orden superior. No querían incomodar al régimen. Ya había sacado una nota y Montesinos se puso como loco. Llamó a Schultz y me quité.

¿Quién era la cabeza?

Eduardo (Guzmán). Me acompañó y nos fuimos los dos. Después hubo una renuncia de todos. Ya era un punto insoportable. Cuando te dicen ‘esto no pasa’, te quedan dos cosas. O te comes la mierda, sigues ahí y te autocensuras o te vas. Y nos fuimos. Renuncié a Contrapunto, a canal 9. En los años 90 no era tan fácil trabajar en periodismo. Había mucho más control y descontrol que ahora. Estamos viviendo tiempos democráticos.

¿Alguna vez terminaste por aceptar alguna censura?

No. He negociado en términos razonables. En la época de Montesinos te quedaban dos cosas. O te ibas a hacer taxi y renunciabas al periodismo porque no había el periodismo libre, prístino. O te quedabas a hacer la lucha desde adentro. Yo he publicado denuncias de corrupción como lo de Popular y Porvenir. El primer testaferro de Fujimori fue Augusto Miyagusuku Miagui. Esa nota la hice yo en Panorama. Saqué el tema Haiduk. Saqué lo de Laura Bozzo, que me costó el puesto. Saqué el tráfico de armas a las FARC, con mucha pelea y otras cosas que no pudimos sacar. Había estrategias. En esa época, los periodistas de Investigación de esa época nos pasábamos información. Lo que no podías publicar lo pasabas a otros colegas. Hemos hecho cosas y otras que no pudimos sacarlas al 100% pero no pasa decir que nos censuraron. Matices que tuvimos que aceptar para seguir en la lucha. La otra opción era ir a tu casa sin hacer nada. Cuando un principio estaba en juego, renunciaba y me iba. Alguna vez renunciamos a la competencia por un motivo superior. A mí también me pasaron información y lo sacaba en otro sitio. En Contrapunto recibí mucho de eso porque otros estaban censurados.

¿Y ahora?

Ahora hay libertad pero a veces libertinaje. Se está banalizando mucho la información. Lo que hay es un trabajo de sobreinformación. Hay que distinguir la paja del trigo y ver los temas relevantes para la gente. Ahora no hay peligro de censura, entonces la agenda de los medios está por otro lado. La prensa peruana no está tan mal como en otros países. Lo hacemos en un estándar más o menos interesante.

¿En los años 90 había una mejor calidad periodística?

Sí, había periodistas con mucho talante y a los que uno respeta. Pero había otros mermeleros como Cortéz, Carlos Guillén, Higashi, el gringo Thorndike… un sicario de la información. Un tipo con gran talento pero sicario. No vamos a rasgarnos la investidura. No eran precisamente ejemplos de nada, salvo talento para contar historias. Pero en la parte de la ética y el manejo de poder, en lo personal: se coqueaban y chupaban en la redacción. Había cosas que ahora serían un escándalo.

¿Ahora es mejor?

Los tiempos han cambiado. Los periodistas vienen con una formación universitaria. Quizá les falta calle o bagaje cultural pero ya no son bohemios aunque a veces no son tan agresivos. Hay buenos, regulares y malos. Hay medios que están en procesos de evolución e involución. La vida misma se refleja en la prensa.

Como director dijiste que a veces te toca ganar o fracasar, ¿cuál es el error que sigues cometiendo como director?

Como equipo de trabajo creo que debemos ser más agresivos en las notas. O tener más notas de interés público. Todos los días uno puede hacer mejor su noticiero y, a veces, uno tiene que aceptar que uno no tiene la nota. Una manera de reparar es tener la nota que otros no tienen. El trabajo es así.

¿Tu mayor error y tu mayor éxito?

Quizá no insistir en algunos temas que yo he tenido primero y por varias cosas los he dejado pasar. Mi éxito ha sido agarrar algunos temas y seguir investigándolos hasta sacarlos. Eso me hizo sacar lo de la Pinchi. Un error es no haber hecho un libro de la Pinchi.

 

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Hoy en día, Carlos ya no forma parte del equipo de Latina. Su despido se suscitó luego de la reestructuración de la redacción del noticiero 90. Junto con él, fueron separados el exGerente de informaciones, Eduardo Guzmán, y la conductora de 90 matinal, Melissa Peschiera, además de otros periodistas con varios años dedicados a la producción del noticiero del canal 2. Tras el ingreso de Hugo Coya como Productor Editorial y la decisión de desbaratar el equipo periodístico de Sin Medias Tintas, hoy Carlos Paredes disfruta de sus días devorando libros en México mientras va terminando de hilvanar su nuevo gran proyecto periodístico: Una investigación acorde a la coyuntura, justo antes de las elecciones presidenciales de abril del 2016.

[Publicado en la revista Carta Abierta N°9]

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Texto e imágenes de: Cartaabierta.pe
@ Carlos Paredes: “No creo que la prensa diaria sea menos que el periodismo de investigación”

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