La guerra que no vemos

Texto: Roberto Gonzales

Fotos y videos: Internet

 

La imagen del cuerpito inerte de Aylan Kurdi varado en la orillla de una playa turca dio la vuelta al mundo y se ha vuelto tan viral como lo fue en su momento el hashtag #JeSuisCharlie. Todo el mundo se indigna, todo el mundo comparte, todo el mundo pide que esto pare. Es penoso lo que sucede, pero sucede. Y no solo durante los diez segundos que te tomó observar la imagen por primera vez o los dos minutos que demoraste leyendo la nota que acompañó la foto (porque en esta oportunidad, el texto acompaña la foto), esto está pasando mientras duermes, mientras te tomas un selfie, mientras cantas en la ducha, mientras recoges a tus hijos del colegio, mientras le echas gasolina al auto, mientras haces fila en el cine, mientras partes una torta de cumpleaños, mientras respiras.

Nadie puede negar que el cuadro es realmente devastador. Invita a la reflexión y, en algunos casos, a la oración. Pero, sin ánimo de subestimar la fuerza del mensaje de la foto en cuestión, para alguien que está viendo diariamente imágenes de las consecuencias de la guerra, ésta es de las menos chocantes. Y luego de comparar me pregunto: si esa imagen motivó esta cruzada de paz ¿qué podrían lograr otras más crudas?

En el siguiente video, la junta editorial del diario El Mundo debate si publicar o no la fotografía por temor a ser señalados como morbosos. Sin embargo, uno de los presentes opina que la apariencia del niño es semejante a la de cualquier niño occidental y podría lograr cierta identificación por parte del público.

Considero que  no  deberíamos esperar a sentirnos amenazados para poner atención a lo que sucede en el resto del planeta. Pero así funcionan las cosas. Es por esto que todo el mundo supo sobre los 17 muertos que dejó el ataque al equipo de Charlie Hebdo pero a nadie le importó que días después más de dos mil nigerianos mueran a manos del grupo terrorista Boko haram.

Hace más de dos décadas, Kevin Carter logró capturar una gran imagen: la del niño y el buitre. Un mensaje poderosísimo para la época y fue por eso que se le premió. Lo malo es que con el tiempo ese mensaje se desvaneció y ahora es solo una foto premiada. Esperemos que esto no pase con Nilufer Demir.

La mayoría quisiéramos que estas guerras absuradas, en donde mueren los inocentes y no los culpables, cesen. Lastimosamente, esto también es un negocio de quienes tienen el mundo en sus manos. ¿Qué podemos hacer? Seguir compartiendo, reclamando y haciendo escuchar nuestras protestas, así sea desde una computadora, y esperar que lo que se logró en la Primavera Árabe funcione nuevamente gracias a las redes sociales.

 

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