Carlos Tovar: La caricatura como arte de oposición

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Un hombre tímido encuentra en el dibujo una forma de rebelarse: a los políticos, primero, les lustra los zapatos. Luego, les corta la cabeza.

Carlos Tovar, con absoluta destreza de artesano, mueve su lápiz en la pantalla táctil, mientras con un programa de diseño va iluminando los zapatos negros de Nadine Heredia y Ollanta Humala.

-Es parte del realismo- dice alzando el lápiz y separándolo de la computadora- Así como la perspectiva que sirve para estructurar la escena.

Cada parte del dibujo está trabajado con puntos de fuga, medidos, absolutamente precisos. Son los vicios de un arquitecto que aprendió a hacer caricaturas en el camino.

Cuando acaba cada caricatura, corta las cabezas que ha dibujado. Los guarda en una carpeta en su computadora donde tiene una compilación de cabezas. Rostros que quizá utilizará luego. Todo personaje dibujado por él se vuelve parte de este archivo personal. Miles de cabezas decapitadas de la política peruana que se almacenan en su computadora. Esto es en parte, también, lo que hace en sus caricaturas: rebanadas de cabeza rápidas, en un solo dibujo, resúmenes instantáneos de la coyuntura actual.

Críticas cortas. Simples. Directas.

El arte suele parecerse al hombre.

 

***

“Sugerencia: al momento de hablarle, abórdalo con mucho tino, en ocasiones Carlín puede ser algo cortante en su trato”

La frase es de hace tres años, copia textual de un correo previniendo antes de una entrevista. Escrito por un periodista que trabajaba en el mismo diario donde publica Carlin. Todo anticipo voluntario suele ser premonitorio. Días después de ese correo, durante la entrevista, abunda el silencio. El taller de Carlos Tovar está tan callado como un avión antes del aterrizaje.

– ¿De niño a qué edad empezó a dibujar caricaturas?

-No recuerdo claramente. Ocho. Nueve

Silencio

-Cuando era chico, ¿utilizó alguna vez sus dibujos para regalárselos a alguna chica?

– Utilizarlo para eso, no. La verdad, no.

Silencio.

Respuestas cortas. Directas. Precisas.

Carlos Tovar mira impaciente su pantalla, como a quien le están quitando las horas para acabar con un trabajo pendiente.

-¿Qué significa la caricatura para usted?

– Es el medio a través del cual puedo expresar mi punto de vista y me siento completamente libre. La caricatura es un elemento de crítica, la caricatura no puede apoyar a ninguna ideología porque no construye. La caricatura destruye, pero esa destrucción es necesaria, es necesaria la oposición al poder, es así como funciona la caricatura.

Silencio.

 

***

Carlos Tovar conoció la revista Rochabús en el dentista, ahí dibujaban los caricaturistas más famosos de los cincuenta.   Entonces tendría ocho años y ya dibujaba constantemente. En casa, los periódicos que llegaban eran La Prensa y El Comercio, primero leía la sección deportiva y luego pasaba a la página editorial para ver las caricaturas, que eran para él un resumen de la jornada para mantenerse actualizado. Se enteró sobre quiénes eran los políticos viéndolos en las caricaturas.

Cuando por esos años, su familia se mudó a Arequipa armaba un periódico mural que pegaba en su sala: ahí juntaba caricaturas que hacía de políticos, de su familia, con editoriales en las que imitaba a Luis Felipe Angell, más conocido como Sofocleto, un columnista de El Comercio. Una prima mayor se matriculó a un curso de Dibujo Humorístico por correspondencia que fascino a Carlin, quien también se decidió por inscribirse. Todavía estaba en el colegio.

Al terminar la secundaria, decidió estudiar arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería debido a su alta cercanía por el dibujo. En el  aula de Diseño de la facultad era uno de los que colgaban caricaturas de  alumnos y profesores en la pared. Entonces era un muchacho con buenas calificaciones  que se daba tiempo para dibujar a sus compañeros durante las clases.

Empezó trabajando en el Ministerio de Vivienda, en el área de comunicaciones. Luego, lo hizo por catorce años como freelance diseñando identidades corporativas. Formó parte de Monos y Monadas, la mítica revista de sátira política. Viajó a Roma para trabajar en un semanario político.   Se ganó una beca del gobierno Francés para estudiar Diseño e Ilustración en Paris, donde llevó un curso en el que lo hacían dibujar caricaturas políticas sobre la actualidad de ese país. Regresó para trabajar nueve años en la agencia de publicidad Causa. Lo despidieron. Decidió dedicarse por completo a las caricaturas. Hoy, sus dibujos aparecen en el diario La República donde presenta una caricatura diaria desde hace diez años. Una pincelada de actualidad rápida, concisa, directa.

Su rutina es programada. En la mañana hace deporte caminando por el malecón, compra periódicos, quince minutos antes de las diez transita a pie las once cuadras desde la casa donde vive con su novia hasta su taller. Piensa en lo que va a dibujar, revisa sus apuntes del día anterior. A las once comienza su trabajo hasta las dos. Su taller está decorado con caricaturas suyas de personajes conocidos, un muñeco de cabeza gigante de sí mismo, libros de marxismo, revistas de historias, libros sobre caricaturas, premiaciones, afiches de cine.

La azotea del departamento en Miraflores esconde a un artesano dedicado a sus caricaturas.

Cuando acaba su trabajo, lo envía por e-mail,  cierra con llave, baja por la escalera, y  camina de vuelta a casa.

Carlin-5

En el año 2009, Carlos Tovar, recibió el premio de Periodismo y Derechos Humanos. Foto: Giovani Alarcón.

 

***

Escuela Nacional de Educación Pre-Escolar

Ficha Psicopedagógica

Apellidos y nombre del alumno: Tovar Samanez, Carlos Miguel

Sección: Arbolitos

Niños de: 6 años

Juegos que prefiere. No demuestra preferencia por ninguno.

Preferencia por determinada actividad: Con la lectura, el dibujo y el modelado.

Observaciones:

Callado, algo tímido, dócil y disciplinado.

Cuando realiza una actividad le dedica toda su atención.

Escribe muy bien con la mano izquierda.

Es callado, poco comunicativo, tímido al principio no formaba parte de los juegos de sus compañeros, ahora lo hace…

 

***

Es un domingo de cuando Carlos Tovar estaba en la universidad, y él  se está cachueleando cuidando edificios en venta ubicados en San Isidro. Un trabajo que un familiar le ha conseguido. Mientras espera la llegada de posibles clientes, ve a su ídolo de lejos, bajando de un carro: Sofocleto, caminando hacia él. Carlos Tovar lo saluda, le muestra el departamento, le hace el tour.

-Esto es carísimo- dice Sofocleto, molesto al terminar el recorrido.

Se despiden. No le dice más.

Varios años después, coincidirían en una mesa. Carlos Tovar tenía 29 años, y el periodista  Guillermo  Thorndike estaba decidido a lanzar una revista humorística llamada: La Teta del Sapo, un nombre que salvo a Thorndike a nadie más le gustaba.  Thorndike citó a Juan Acevedo -autor de El Cuy- a Carlos Tovar y a Sofocleto en un restaurante para conversar sobre el futuro proyecto que no llegó a nacer. Conversaron largo rato. Hablaron de política, de la revista, del futuro.

Pero Carlos Tovar no le dijo a Sofocleto que lo conoció ese día del departamento. Tampoco que lo admiraba desde niño cuando imitaba sus columnas.

Todo eso hubiera sido ir en contra de su timidez.

 

***

La tesis que Carlos Tovar hizo en la universidad fue sobre el problema de la vivienda desde un punto de vista marxista. Por esos años,  se reunía con sus compañeros para estudiar marxismo por las noches. “Yo que creía entender el marxismo, estudiando, leyendo los libros, me di cuenta que no había entendido nada”

Después de salir de la universidad y presentar su tesis, continúo profundizando. Cuando cayó la Unión Soviética releyó todo de vuelta. Entonces, sucedió lo de la agencia.

La agencia de publicidad Causa donde Carlin trabajaba vivió una transición tecnológica a principios de los noventa. Se pasó de dibujar en papeles a trabajar con computadora, de tableros de dibujo a softwares. Cursos de diseño. Actualizaciones de computadores.  Encargos que antes tomaban días, se resolvían en pocas horas. Eso, y una caída de las tazas de ganancia, hicieron que la agencia planeara despidos masivos. Incluyendo el suyo. Esto produjo que Carlos Tovar empezara a pensar en el problema de las horas de trabajo. Para él lo que se vivió en Causa era un modelo a escala del planeta.

“El desempleo causa pobreza. No hay trabajo para todos. No estamos camino a ninguna revolución. El camino no es ese. Estamos camino a una descomposición social. Cuando digo esto, molesto a socialistas y a capitalistas. Se puede mejorar la situación trabajando desde el capitalismo: se necesita reducir la jornada a cuatro horas. Eso aumentaría el empleo. Aumentaría el tiempo libre. En el tiempo libre somos socialistas. Somos libres. Hoy en día, con la tecnología, en cuatro horas el trabajador ha cumplido con las ganancias para la empresa, y de sobra.  Al abolir la esclavitud, muchos economistas decían que esa era la ruina, que como se podría pagar a todos, que eso sería el fin. Lo mismo dicen con la reducción de la jornada. En el siglo XIX se llegó a trabajar 16 horas, luego se pasó a 12, a 10, y en 1919 a 8 horas. Pero desde 1919 hasta hoy la productividad ha seguido aumentando con la revolución tecnológica. Todo esto sin reducirse la jornada de trabajo (…)”

Carlos Tovar no tiene pausas cuando habla de marxismo. Tiene tres libros sobre este tema. Da charlas y entrevistas. Su filiación marxista es más parecida a la de un intelectual de los Países Bajos que a la de algún político de la izquierda peruana.  El discurso de Carlos Tovar parte de su propia experiencia:  antes para terminar una caricatura le tomaba más de un día, hoy- gracias a los programas e internet- lo resuelve en menos de cuatro horas.

Hace poco hubo un apagón, dibujó en un papel la caricatura que tenía que presentar, trató de colocarle la tinta para darle el color. Pero ya no era lo mismo.

Cuando volvió la luz,  regresó a la computadora.

 

***

En público, con extraños, Tovar se acelera cuando habla de marxismo. Parece un hombre apagado hasta que le preguntan por la jornada de las cuatro horas o por los derechos de los trabajadores. Los temas políticos y sociales le despiertan la felicidad de un niño ante una montaña rusa. La crítica política diaria desde sus caricaturas es una forma de mantener intactos ciertos ideales.

Lo demás, lo aburre, lo distancia, lo prolonga. Cuando acaba las charlas donde expone sobre la reducción de la jornada laboral, se sorprende de quienes vienen a saludarlo y pedirle firmas.

Él no podría. Nunca pudo acercarse a alguien así.

-Soy muy tímido, nunca me he acercado a alguien por iniciativa propia. No me acercaría a las personas a presentarme.

-¿Prefiere dibujarlos?

-Sí, sí, claro. Prefiero dibujarlos.

Es un miércoles al mediodía y Carlos Tovar está por terminar su caricatura antes de mandarla. Entonces recibe una llamada. Voltea. Contesta rápidamente. Es sobre un libro de marxismo de un autor inglés que llegará hoy. Cuelga. Le da unas pinceladas finales a su caricatura, sonriendo. “Saldrá mañana”, dice.. La caricatura es una crítica certera contra un político de turno. Mañana se imprimirá en el periódico y será un grito personal.

Pero, al día siguiente, mientras que el diario llega a los lectores, Carlos Tovar, volverá a despertarse temprano, dará unas vueltas por el malecón, caminará las once cuadras hasta su taller escondido en una azotea, y preparará otro golpe en cuidadoso y extremo silencio.

[Publicado en la revista Carta Abierta N° 8]

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Texto e imágenes de: Cartaabierta.pe
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